Inmediatamente después, Jesús insistió en que los discípulos regresaran a la barca y cruzaran al otro lado del lago mientras él enviaba a la gente a casa. Después de despedir a la gente, subió a las colinas para orar a solas. Mientras estaba allí solo, cayó la noche. Mientras tanto, los discípulos se encontraban en problemas lejos de tierra firme, ya que se había levantado un fuerte viento y luchaban contra grandes olas. A eso de las tres de la madrugada, Jesús se acercó a ellos caminando sobre el agua. Cuando los discípulos lo vieron caminar sobre el agua, quedaron aterrados. Llenos de miedo, clamaron: «¡Es un fantasma!». Pero Jesús les habló de inmediato: —No tengan miedo—dijo—. ¡Tengan ánimo! ¡Yo estoy aquí! Entonces Pedro lo llamó: —Señor, si realmente eres tú, ordéname que vaya hacia ti caminando sobre el agua. —Sí, ven—dijo Jesús. Entonces Pedro se bajó por el costado de la barca y caminó sobre el agua hacia Jesús, pero cuando vio el fuerte viento y las olas, se aterrorizó y comenzó a hundirse. —¡Sálvame, Señor! —gritó. De inmediato, Jesús extendió la mano y lo agarró. —Tienes tan poca fe—le dijo Jesús—. ¿Por qué dudaste de mí? Cuando subieron de nuevo a la barca, el viento se detuvo. Entonces los discípulos lo adoraron. «¡De verdad eres el Hijo de Dios!», exclamaron.
S Mateo 14: 22-32 (NTV)
(Énfasis del autor)
Este es un texto muy conocido y predicado. Habitualmente se enfatiza el hecho de que un hombre pueda caminar sobre el agua ¡Es deslumbrante porque es algo humanamente imposible! También resalta la osadía de Pedro al hacer semejante pedido.
Sin embargo desde hace unos días un texto da vueltas en mi cabeza:
Entonces Pedro lo llamó: —Señor, si realmente eres tú, ordéname que vaya hacia ti caminando sobre el agua.
¿Qué quería Pedro en realidad? ¿Realizar una hazaña? ¿Alardear frente a sus amigos? Era un pescador, su lugar de trabajo era el agua. Estaba acostumbrado a salir en bote a la noche y seguramente también a luchar contra las olas.
¿Podés imaginar la escena? Los discípulos estaban ya a unos cinco o seis kilómetros de tierra firme y habían remado con todas sus fuerzas. Estaban cansados y tenían miedo. De repente ven una silueta ¿¡Alguien viene caminando hacia ellos!? Gritan por instinto… quién va a escucharlos si están solos en medio de la nada.
Jesús, el caminante solitario que venía hacia el barquito, los escucha e intenta calmarlos. Es Él, no hay motivos para tener miedo, pero Pedro quiere estar seguro por eso dice esas extrañas palabras “Si realmente eres tú, ordéname que vaya hacia ti…”
Si lo pensás por un instante suena muy loco conversar en esa situación.
Cansado, aterrado. No sé si tenía ganas de una aventura inusual. Solo quiere saber que es su Maestro el que se acerca y la única forma de comprobarlo es pedirle que se revele a su vida como lo había hecho antes.
¿Recordás que cuando el Señor llamó a Pedro lo hizo en medio de un milagro? Después de toda la noche sin pescar una orden de Jesús provoca una pesca totalmente milagrosa.
Cristo siempre se revela a cada uno de manera personal. Él sabe de qué manera podemos reconocerlo y aprender a confiar en Él. De eso se trata la vida cristiana.
Reconocerlo y aprender a confiar, una y otra vez. Confiar aun en medio de las dudas. Obedecer en la incertidumbre. Animarnos por un momento “Si sos Vos dame la orden”, dar el paso y luego sentir que nos hundimos. Y cuando eso sucede pedir ayuda al único que puede tomarnos de la mano y sacarnos a flote.
Cristo se relaciona con cada uno de nosotros de manera distinta y personal. Esto se muestra con claridad en los Evangelios.
El Señor siempre dialogaba con la gente y respondía de acuerdo con lo que ellos precisaban, se introducía en su mundo interno, captaba la necesidad profunda y hacia ella dirigía sus palabras, sus silencios y sus acciones.
¿De qué manera el Señor se ha revelado a tu vida? ¿En qué áreas pudiste reconocer una y otra vez su poder? ¿Cuál es la forma en que se comunican?
Tal vez estés experimentando una etapa de temor, angustia o de indiferencia. Y en esa situación Él va a venir a tu encuentro.
Podés imitar a Pedro y preguntar Señor ¿sos Vos? si es así ordená (acá podés poner tus propias limitaciones y carencias) Tal vez, sin que te des cuenta participes de un milagro que te haga recordar otras intervenciones divinas a tu favor que fueron modelando tu vínculo con Él. La mano continúa extendida…
Mónica Lemos

- Rechaza las voces de tristeza y los pensamientos depresivos.
- Toma todos los días tiempo para orar y reconectarte con la voz de Dios; Él está deseoso de hablarte.
Cuando el Señor te hable, medita todo el día en aquel mensaje.
