Imagen y lectura

Todos pueden ver claramente el bien que Cristo ha hecho en la vida de ustedes. Para que la gente hable bien de nosotros, sólo tiene que fijarse en ustedes. Porque ustedes son como una carta que habla en favor nuestro. Cristo mismo la escribió en nuestro corazón, para que nosotros la presentemos. No la escribió en piedra, ni con tinta, sino que la escribió con el Espíritu del Dios vivo. Y esa carta está a la vista de todos los que la quieran leer.

2° Corintios 3: 2 TLA

 

Dice Pablo que nosotros somos cartas leídas, no escritas con tinta sino con el Espíritu del Dios vivo y cada semana yo me pregunto cómo me lee la gente. ¿Qué leen de mí?

Hay un ministerio de la iglesia que es palabra pura, palabra viviente que significa lo que la iglesia transfiere a los demás.

No es una cuestión de palabras solamente sino de presencia. Generalmente nos  preocupamos por estar bien arreglados, de hecho vos te podés preocupar por vestirte bien.

Ahora, mi dilema de la semana es cómo me ven más allá de la ropa que uso ¿qué transfiere mi vida? cuando alguien está conmigo ¿Qué siente?

Pastor Hugo Herrera

 

Ya no está de moda escribir cartas. En la época del Nuevo Testamento Pablo escribía a las iglesias. Era la única manera de estar presente entre los creyentes, ya que no había otros medios para acortar distancias. Cuando tenía que viajar lo hacía en barco y podían pasar meses hasta arribar a su destino.

 

Esta costumbre de escribir y enviar misivas continuó hasta nuestros tiempos.

Recuerdo que hace poco más de treinta años una de mis hermanas acostumbraba comunicarse de esta forma con nosotros. Vivíamos a más de quinientos quilómetros de distancia, pero ella encontraba la forma de hacernos parte de su vida cotidiana.

Leer sus cartas era como hablar con ella. Su escritura la “retrataba”.

Cuando podía viajar a visitarnos, una vez cada dos años, estábamos al día. Teníamos la grata sensación de que el tiempo no había transcurrido, pese a la distancia que nos separaba.

 

Actualmente no es así. Los tiempos cambiaron. El flujo de información es incesante y, aparentemente, la comunicación no se interrumpe. Sin embargo, la imagen casi ha desplazado a la escritura. Las redes sociales nos ahorran el trabajo de hablar, todos estamos muy apurados y ocupados. Como resultado, la soledad y la incomunicación son los dos grandes protagonistas de esta época. 

 

Tal vez también debamos preguntarnos cómo nos miran… la lectura que pueden hacer de los cristianos en la actualidad es muy rápida. No hay tiempo para detenerse… ni capacidad aun entre los que compartimos la fe para enfocar nuestra atención por más de una ínfima cantidad de tiempo. Aun así, la calidad de atención es deficiente.

 

En este mismo sentido al  preguntarnos cómo nos leen los demás, sería un buen ejercicio el esfuerzo por detenernos un ratito e intentar entender al prójimo.

 

Todos tenemos algo que decir pero lo importante es pronunciar palabras plenas y hacer silencios oportunos que lleguen al espíritu de aquellos con quienes nos cruzamos. Que realmente los alienten, los conforten,  los consuelen o simplemente les muestren con hechos que realmente nos importan de verdad.

 

Un conocido pastor que tiene un ministerio efectivo entre los jóvenes instaló  una consigna y la lleva a cabo desde hace tiempo: “Menos bla, más amor”. Muestran el amor de Jesús sin palabras a través de abrazos.

Qué bueno es que en tiempos de crisis podamos ser cartas de esperanza y amor leídas por otros.

La iglesia tiene la gran oportunidad de ser mirada y leída como agente de transformación y te necesita para hacerlo. ¿Querés ser parte del cambio?

 

Mónica Lemos

 

 

  • Clamemos por cada persona apartada del Pueblo de Dios y oremos para que Él nos use a cada uno consolidando su pertenencia a la familia de la fe.
  • Oremos por las personas alejadas del Padre y comprometámonos a buscarlos y alcanzarles el mensaje del Evangelio.
  • Intercedamos por aquellos que están lejos para que Dios los guíe de camino a casa.