Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, quien nos ha bendecido en Cristo con toda bendición espiritual en los lugares celestiales.
Efesios 1:3 RVA-2015
En Cristo, al estar en Él hemos sido bendecidos con toda bendición espiritual. Hemos sido bendecidos con la gracia, que se extiende hacia nosotros y nos exime de las exigencias de la ley; con el perdón total, que no toma en cuenta nuestros pecados sino que los carga en la cuenta del Hijo; con el amor que nos da vida plena en lugar de la destrucción y muerte que el enemigo había planeado; con la guía del Espíritu que nos orienta; con el Hijo que intercede ante el Padre por nosotros; con un nuevo sentido de vida, una misión y propósito, un para qué para vivir; con el regalo del libre acceso a la presencia santa del Padre, a quien podemos recurrir siempre con toda confianza, entre muchos otros beneficios que podríamos mencionar.
Vos seguramente podrías agregar los que más profundamente han impactado tu vida, de acuerdo a la manera en que te fueron revelados.
Sos adoptado, aceptado, tenés una nueva posición en los cielos. Tu vida es eterna y tu condición es limpia delante de Dios.
Nosotros estábamos muertos en nuestros delitos y pecados. Cristo nos dio nueva vida, nacimos de nuevo.
El nacimiento espiritual es el único que podemos decidir activamente, podemos elegirlo. Eso dice la Palabra y suena muy fuerte. Lo decimos, podemos recitarlo de memoria, sin embargo rara vez tenemos conciencia de lo que realmente significa. Tal vez porque ya lo tomamos con naturalidad, es una posesión que disfrutamos y ya forma parte de nuestro bagaje religioso-cultural.
Ahora, es preciso que lo valoremos, que realmente estemos agradecidos y bendigamos nosotros a Dios, como lo hizo Pablo. Él era plenamente consciente de que tenía el privilegio de bendecir a quien lo había bendecido primero.
Necesitamos detenernos a pensar en el milagro de ser hijos plenos de Dios, tener el beneficio de su paternidad, recibir la herencia que significa la vida plena, para revalorizar el magnífico regalo de la vida eterna y la plenitud constante del Espíritu Santo actuando en nosotros.
Cristo compró a precio de sangre todas las bendiciones espirituales que gozamos gratuitamente. Te proponemos que dediques un tiempo para agradecer, alabar y bendecir al que por amor a nosotros descendió del cielo y entregó su vida para salvarnos.
Mónica Lemos
