Jesús reunió a sus doce discípulos, y les dio poder y autoridad para expulsar toda clase de demonios y para curar enfermedades. Los envió a anunciar el reino de Dios y a sanar a los enfermos
Lucas 9: 1-2 TLA
Hay una gran diferencia entre el poder y la autoridad. Vos podés tener poder sobre otras personas, pero no ser una autoridad para ellas. Podés tener poder sobre tus hijos y no ser una autoridad para tus hijos.
¡Qué bueno que seamos una verdadera autoridad espiritual!
No por autoritarismo, no por tiranía, sino porque los demás reconocen que Dios es nuestro respaldo al vivir en su voluntad. Cuando habitamos en el peso de Su gloria y por la transformación que Dios hace en nosotros y que los demás detectan.
Aunque era Dios, no consideró que el ser igual a Dios fuera algo a lo cual aferrarse. En cambio, renunció a sus privilegios divinos; adoptó la humilde posición de un esclavo y nació como un ser humano.
Filipenses 2: 6-7a NTV
Jesús ejercía su poder y autoridad siendo enteramente hombre por su asombroso nacimiento. Él dejó su gloria y en su transformación encerró su majestad en un cuerpo mortal, y por su sacrificio hoy podemos ser transformados a Su imagen. Jesús dejó su Gloria para que nosotros podamos ser engendrados en el cielo y podamos llamar al Dios Majestuoso “Papá”.
Jesús se despojó de su naturaleza de gloria para que nosotros pudiéramos adquirirla.
Hoy nuestras vidas están listas para fecundar la gloria de Cristo en nosotros y a través de nosotros. Es cuando podemos experimentar su legado de poder y autoridad y que a nuestro alrededor otros perciban algo de esa gloria aun sin hablar.
Cuando somos transformados de gloria en gloria hay peso de Dios en nuestras actitudes y palabras.
Pero cuando el Espíritu Santo venga sobre ustedes, recibirán poder y saldrán a dar testimonio de mí, en Jerusalén, en toda la región de Judea y de Samaria, y hasta en las partes más lejanas de la tierra.
Hechos 1:8 DHH
Los discípulos fueron los primeros en recibir Su autoridad y poder, y ese regalo los habilitó para transformar al mundo en el que vivían. Fueron cambiados, vestidos, envueltos en el Espiritu para cambiar al mundo.
Tu vida también está destinada al éxito en este sentido para desafiar la rutina y vivir manifestando la Gloria de Dios. Vivir como hijos activos que dejan la huella.
No siempre somos consientes de este privilegio y responsabilidad. Batallamos con nuestra “normalidad” acomodando inconcientemente la obra del Espíritu Santo a nuestras rutinas, por eso nuestro desafío es revalorizar el legado maravilloso de Jesús.
Luego Jesús les dijo a sus discípulos: «Cualquiera que los escuche a ustedes, me escucha a mí. Cualquiera que los rechace, a mí me rechaza; y la persona que me rechaza, rechaza también a Dios, que fue quien me envió.»
Los setenta y dos discípulos que Jesús había enviado regresaron muy contentos, y le dijeron: —¡Señor, hasta los demonios nos obedecen cuando los reprendemos en tu nombre!
Lucas 10: 16-17 TLA
Este pasaje es impactante por la cantidad de milagros que hubo. Podríamos calcular que setenta y dos hombres, como mínimo, en un solo día provocaron setenta y dos manifestaciones del poder de Dios. Una invasión de Su gloria en la tierra. ¿Podés imaginarte la escena?
Hoy están dadas todas las condicones para que se repita aquella misión, conocés al Hijo y sos heredero del Padre, tenés las mismas armas espirituales, el mismo llamado y al mismo Espiritu revistiendote de Su poder.
Que Dios te dé la gracia de que esta semana muchos reconozcan que estuviste cara a cara con Cristo, y que el resultado sea que tu vida tiene el peso de Dios.
Pastores Hugo y Ruth Herrera
