Entonces Jesús les dijo a las multitudes y a sus discípulos: «Los maestros de la ley religiosa y los fariseos son los intérpretes oficiales de la ley de Moisés. Por lo tanto, practiquen y obedezcan todo lo que les digan, pero no sigan su ejemplo. Pues ellos no hacen lo que enseñan. Aplastan a la gente bajo el peso de exigencias religiosas insoportables y jamás mueven un dedo para aligerar la carga. »Todo lo que hacen es para aparentar. En los brazos se ponen anchas cajas de oración con versículos de la Escritura, y usan túnicas con borlas muy largas. Y les encanta sentarse a la mesa principal en los banquetes y ocupar los asientos de honor en las sinagogas. Les encanta recibir saludos respetuosos cuando caminan por las plazas y que los llamen “Rabí”
Mateo 23: 1-7 NTV
A través de los evangelios, el Espíritu Santo nos ayuda a identificar el modelo de Cristo en nosotros para ser Su imagen en nuestra sociedad. Nos guía para arrebatar las bendiciones del cielo y que ejecutemos las obras que Papá nos preparó de antemano.
Este pasaje desenmascara las obras humanas disfrazadas de obras del cielo y con una claridad casi ofensiva Jesús denuncia la diferencia entre ser y parecer usando de ejemplo a los fariseos.
Una de las maneras en que Jesús les enseña a sus discípulos acerca de la humildad es justamente señalando a los dirigentes religiosos de su época. Toda acción religiosa en ellos surgía de la necesidad que tenían de ser distinguidos. Él sabía que estaban usando la religión como una cobertura para satisfacer la necesidad de ser admirados y que el pueblo reparara en ellos.
La gente los miraba como modelos a seguir… pero se trataba de un modelo que Jesús no quería que sus discípulos adoptaran en sus vidas.
Enaltecerse a sí mismo significa tener necesidad de que otros lo noten. Y esta es una necesidad que nunca se satisface si no se es capaz de ver al otro. Quien va por ese camino, mientras más reconocimiento reciba, más reconocimiento va a necesitar. Es una necesidad que se retroalimenta sin alcanzar lo que se espera.
Esto no significa que esté mal sentir placer cuando nos reconocen, felicitan, o cuando logramos nuestra meta y somos reconocidos… eso es fantástico.
Jesús habló y enseñó sobre otro tipo de satisfacción que era contraria a la experiencia de aquellos religiosos. “Negarse a sí mismo para encontrar la meta”, simple y sencillo.
Hay personas que naturalmente tienen un ‘perfil bajo”, quizás por timidez se ven humildes y prefieren pasar inadvertidos. Pero todos dentro de nosotros tenemos en mayor o menor medida el orgullo escondido.
Todos tenemos que lidiar con el orgullo en nuestras vidas. Hay un lugar en todos nosotros, a veces un lugar enorme, que preferiría que se notaran nuestras necesidades en lugar de notar las necesidades de los demás. La clave para las grandes relaciones personales es permitir que Jesús invierta esta preferencia.
Su enseñanza y ejemplo fue siempre el ver al otro, percatarse de las necesidades de los demás.
La única manera de curarse de la imperiosa necesidad de ser notado es empezando a percibir las necesidades de los demás. Aun cuando lo que está por detrás en un sentido de menosprecio y complejo.
La Madre Teresa una vez dijo: «Tenemos una oportunidad de amar a otros como Él nos ama, no en las cosas grandes, sino en las cosas pequeñas con un gran amor»
Siempre les he enseñado que así se debe trabajar y ayudar a los que están en necesidad, recordando aquellas palabras del Señor Jesús: “Hay más dicha en dar que en recibir.”»
Hechos 20: 35 DHH
Una vida solo enfocada en nuestros problemas, frustraciones, sueños, rutina, proyectos; en atender solo nuestras propias necesidades nunca será una vida que proyecte visiblemente la misericordia y el plan de salvacion de Papá. Hay una alegría diferente y especial cuando privilegiamos al otro.
En nuestra sociedad todo el tiempo podemos ver necesidades de todo tipo en quienes están a nuestro alrededor, no solo ecónomicas sino de afecto, acompañamiento, escucha, esperanza y fe, y nosotros tenemos muchas de esas respuestas… Es el tiempo de dar
Ruth O. Herrera
