Él, de su voluntad, nos hizo nacer por la palabra de verdad, para que seamos primicias de sus criaturas.
Santiago 1:18 RVR60
Somos primicias de sus criaturas. ¡Qué maravilla! ¡Qué bueno que el Señor en la Biblia con tan extraordinario lenguaje, casi poético, te diga: “eres mi primicia, eres de mis primeros frutos!” porque en el mundo antiguo era ley dar los primeros frutos de la cosecha como ofrenda a Dios ¿Por qué? porque significaba que todo estaba consagrado para Él.
Y si sos consciente de esta realidad, más allá de que te haya gustado que Dios te llame su primicia, debés tomar el control de tu vida y decir: “Señor, yo soy tu hijo, soy tu primicia, tu primer fruto. No en lo que voy a hacer después, sino ahora, en este momento, yo reconozco que voy a ser tu primer fruto”.
Cada vez que tomamos la iniciativa y volvemos a presentarnos delante de Dios como ofrenda y lo adoramos tan profundamente, tan honestamente, Él va a obrar, va a responder a nuestra iniciativa.
Pastor Hugo Herrera
Dios le ordenó a Moisés que hablara a los hijos de Israel y les indicara qué fiestas debían celebrar cuando entraran a la tierra prometida. Una de estas celebraciones era la fiesta de las primicias. En ella, se consagraban al Señor los primeros frutos que recogían cuando comenzaba la cosecha. Antes de disfrutar del producto de su labranza debían recordar que la tierra y todo lo que produce le pertenecen a Dios.
Entonces el Señor le dijo a Moisés: «Da las siguientes instrucciones al pueblo de Israel. Cuando entres en la tierra que te doy y recojas la primera cosecha, lleva al sacerdote el primer manojo de tu primera cosecha de grano. Al día siguiente del día de descanso, el sacerdote la levantará ante el Señor a fin de que sea aceptada a tu favor. Ese mismo día deberás sacrificar un cordero de un año sin defecto como una ofrenda quemada al Señor. También presentarás una ofrenda de grano de cuatro litros de harina selecta humedecida con aceite de oliva. Será una ofrenda especial, un aroma agradable al Señor. Además, debes ofrecer un litro de vino como ofrenda líquida. No comas pan ni grano tostado o fresco antes de llevar la ofrenda a tu Dios. Esta es una ley perpetua para ti, que se cumplirá de generación en generación dondequiera que vivas.
Levítico 23:9-14 NTV
Dios sacó a su pueblo de la esclavitud y les regaló una tierra fértil para que pudieran cultivarla, comer de su fruto y disfrutar de trabajar para su propio sustento. Ya nunca más estarían bajo el látigo de los capataces egipcios, obligados a trabajar sin descanso. A partir de ahí se abrían otros horizontes que les permitían vivir una vida libre de tiranía y opresión El acto de ofrendar los primeros granos al Señor les recordaba que no tenían mérito alguno para recibir toda esa abundancia. Dios deseaba grabar en sus corazones que habían sido elegidos porque Él los amaba y había oído su clamor en Egipto.
En el Antiguo Testamento, el pueblo ofrendaba el fruto de su trabajo y lo consagraba a Dios. No como sus vecinos paganos que ofrecían sacrificios a sus dioses para obtener buenas cosechas sino como reconocimiento de todo lo bueno que tenían venía del único Dios verdadero, al que ellos adoraban.
A partir de Cristo somos llamados a ofrendarnos a nosotros mismos al Señor. No lo que hacemos, sino todo lo que somos. Esa es la medida de nuestra adoración. Por eso Pablo escribe
Por eso hermanos, puesto que Dios nos ha mostrado tanta misericordia, les ruego que entreguen todo su ser como sacrificio vivo a Dios. Esa ofrenda que es su vida debe estar dedicada solamente a Dios para poder agradarle. Esta clase de adoración es la que realmente tiene sentido.
Romanos 12:1 PDT
Al Señor le agrada que nuestra vida esté enteramente dedicada a Él, que podamos cumplir sus leyes porque están impregnadas en nuestro corazón y que el Espíritu nos guíe a la obediencia solo por amor a su Hijo y reconocimiento de su sacrificio en nuestro favor.
La mejor ofrenda y adoración a Dios somos vos y yo.
Mónica Lemos
