Seguime vos

Entonces Jesús le dijo: «Sígueme». Pedro se dio vuelta y vio que, detrás de ellos, estaba el discípulo a quien Jesús amaba, el que se había inclinado hacia Jesús durante la cena para preguntarle: «Señor, ¿quién va a traicionarte?».  Pedro le preguntó a Jesús: —Señor, ¿qué va a pasar con él? Jesús contestó: —Si quiero que él siga vivo hasta que yo regrese, ¿qué tiene que ver contigo? En cuanto a ti, sígueme. Así que entre la comunidad de los creyentes corrió el rumor de que ese discípulo no moriría; pero eso no fue en absoluto lo que dijo Jesús. Él solamente dijo: «Si quiero que él siga vivo hasta que yo regrese, ¿qué tiene que ver contigo?».

San Juan 21:19b-23 (NTV)

(Énfasis del autor)

 

Es importante que podamos hacer altos en nuestras urgencias para que el Señor también sea edificado en la vida de nuestro hermano.  Que nosotros tengamos necesidades  y que veamos que el Señor las satisfaga y eso no tenga el costo del sacrificio de un hermano sino de nuestro propio sacrificio porque Cristo se relaciona individualmente con nosotros.

El Señor vino para que vos tengas una relación con Él, pero esa relación nace en tu interés, nace en tu pasión, nace en tu compromiso con Jesús. Si ese compromiso y esa búsqueda dependen solo  de lo que hagan los demás, debemos revisar.

Pastor Cristian Centeno

 

Es verdad que nuestra relación con Cristo es absolutamente personal y lo ideal es que a medida que el tiempo pasa crezca el interés por conocerlo cada vez más y se afiance nuestro compromiso.

No obstante, los seres humanos somos muy complejos. Aun con las mejores intenciones e incluso a pesar de nosotros mismos, nuestras inseguridades o ambivalencias pueden  jugarnos una mala pasada.

 

Para ilustrar la historia ¡Ahí vamos otra vez con Pedro! Es el proveedor de muchísimos ejemplos sobre lo que se debe y lo que no se debe hacer. Es un espejo en el que a veces no nos gusta mirarnos porque nos muestra aristas de nuestra vida que preferiríamos negar.

Te invito a que hagamos un rápido resumen: durante las últimas horas de vida de Jesús el impulsivo aprendiz lo negó; se alejó todo lo posible de la escena de la cruz y cuando la muerte de su Maestro era una realidad incontrastable decidió retomar su antiguo oficio de pescador.

Pero tal y como lo había dicho en muchas oportunidades, Cristo resucita. A continuación planea un encuentro a solas para restaurar a este hombre decepcionado.

¡Qué privilegio! Los dos tienen un diálogo sincero y amoroso y el Señor le vuelve a dar un lugar de servicio.

Si esto te hubiera pasado a vos ¿Cómo te sentirías? Seguramente sorprendido, emocionado, agradecido, entusiasmado y todos los adjetivos que se te ocurran ¿No es cierto? Bueno, a lo mejor sí, pero no del todo. Tal vez durante la caminata se te haya metido una piedrita en la sandalia…

 

Resulta que “la roca” se dio vuelta y vio a su compañero que venía detrás de ellos. Nada menos que aquel a quien el Maestro amaba, el que se recostaba sobre su pecho.  De golpe afloraron todas sus inseguridades y complejos disimulados en forma de pregunta inocente —Señor, ¿qué va a pasar con él? 

 

Para colmo la respuesta de Jesús no lo ayudó mucho. Al contrario, sumó desconcierto

—Si quiero que él siga vivo hasta que yo regrese, ¿qué tiene que ver contigo? En cuanto a ti, sígueme

 

O sea, para que te quede claro amigo. Vos seguime, cuidá mis corderos. Lo que haga o no haga otro no es tu asunto.

 

Lo más importante, lo que hace y hará la diferencia en tu vida y en la mía es la relación que podamos seguir construyendo con  Jesucristo. El propósito es único y personal, diseñado especialmente para vos.  Él  desea imprimirlo en tu espíritu.

No tiene sentido que pongas la mira en lo que hace o no tu hermano. No mires a los costados, no te ayudará a llegar a la meta. Pedile a Papá en oración que su presencia amorosa en tu vida sea más fuerte que tus complejos e inseguridades.

 

Mónica Lemos