Una declaración inesperada

Respondió Natanael y le dijo: Rabí, tú eres el Hijo de Dios; tú eres el Rey de Israel.

  1. Juan 1. 49 RVR60

 

Solo un breve encuentro y una charla bastaron para que este hombre escéptico pasara del prejuicio a una triple confesión: Rabí, tú eres el Hijo de Dios; tú eres el Rey de Israel.

 

Ni siquiera era discípulo todavía, no lo conocía, desconfiaba de él porque su pueblo de origen tenía mala fama, no lo había visto hacer ningún milagro, ni lo había escuchado enseñar en la sinagoga, pero en un instante lo reconoció como Maestro, Hijo de Dios y Rey de Israel.

Indudablemente el Espíritu le reveló a Natanael (cuyo nombre significa regalo de Dios) quién era realmente el hombre con el que estaba conversando y esa revelación cambió su vida para siempre. De prejuicioso y desconfiado, se transformó en un fiel aprendiz.

 

Generalmente la Escritura dice que el Señor les decía a aquellos a quienes eligió: “Sígueme” y ellos dejaban todo y lo seguían al instante. Esta historia fue única. No hubo llamado específico. A pesar de esta notoria diferencia Natanael se convirtió nada menos que en ¡uno de los doce que seguían a Jesús a todas partes! La próxima mención que se hace de él se registra casi al final del evangelio de Juan, luego de la resurrección de Cristo.

 

Después de esto, Jesús se manifestó otra vez a sus discípulos junto al mar de Tiberias; y se manifestó de esta manera: Estaban juntos Simón Pedro, Tomás llamado el Dídimo, Natanael el de Caná de Galilea, los hijos de Zebedeo, y otros dos de sus discípulos.

  1. Juan 21: 1 y 2 RVR60

(Énfasis del autor)

 

No existen los “llamados” en serie. El Señor se relaciona con cada uno justo en el momento adecuado y de manera personal.

¿Te acordás de Isaías? Es un ejemplo que viene del Antiguo Testamento, pero muestra el mismo patrón. Isaías era profeta. Samuel también. No obstante a Samuel Dios lo llamó con voz audible y por su nombre. A Isaías, en cambio (en un sentido estricto), no lo llamó nadie. Él vio al Señor y luego…

 

Después oí la voz del Señor, que decía: ¿A quién enviaré, y quién irá por nosotros? Entonces respondí yo: Heme aquí, envíame a mí.

Isaías 6.8 RVR60

 

Solo te mencioné ejemplos bíblicos. Si los trasladamos a nuestra realidad, algunos reciben un llamado claro y específico del Señor para realizar una tarea determinada. Otros, en cambio, ven una necesidad, su corazón es movido a misericordia y compasión y responden para solucionarla. De eso se trata la iglesia. De que cada uno, de acuerdo con su experiencia de vida y de fe, responda y se involucre en cada lugar donde hace falta que Jesús esté presente para cambiar realidades.

 

No te preocupes ni trates obsesivamente de descubrir “tu llamado” Jesús tiene planes para cada uno de sus hijos. Fuiste creado para buenas obras que ya están preparadas de antemano. Solo te falta descubrirlas, en el lugar donde estés.

 

Mónica Lemos