Por aquellos días, Augusto César decretó que se levantara un censo en todo el Imperio romano. Este primer censo se efectuó cuando Cirenio gobernaba en Siria. Así que iban todos a inscribirse, cada cual a su propio pueblo. También José, que era descendiente del rey David, subió de Nazaret, ciudad de Galilea, a Judea. Fue a Belén, la Ciudad de David, para inscribirse junto con María, que estaba comprometida para casarse con él. Ella se encontraba embarazada y mientras estaban allí se le cumplió el tiempo. Así que dio a luz a su hijo primogénito. Lo envolvió en pañales y lo acostó en un pesebre, porque no había lugar para ellos en la posada.
San Lucas 2:1 al 7 NVI
Durante esta semana te proponemos un recorrido por los diferentes lugares y personajes que, de una manera u otra, fueron testigos de los acontecimientos que rodearon la llegada de Jesús al mundo. Empezamos con el lugar de su nacimiento.
Como todos los judíos tenían que viajar a su pueblo natal para censarse, no había lugar libre para hospedarse. Las posadas eran casas que tenían varias habitaciones en un patio común. Cada viajero llevaba sus provisiones, el dueño del lugar ofrecía el alimento para sus animales y fuego para su propia comida. María y José no consiguieron habitación y tuvieron que quedarse en ese patio interno. Ella dio a luz y envolvió al bebé en pañales y lo acostó en el cajón de forraje que hizo de cama improvisada.
En nuestra época estamos acostumbrados a hoteles de cierta categoría y hasta habitaciones llamadas vip o suite principal para huéspedes socialmente relevantes. Sin embargo, el Rey de Reyes nació en el lugar que estaba reservado para los animales. El texto no hace ningún juicio de valor sobre el dueño del lugar. Y es que a veces, sucede lo mismo en nuestro tiempo: estamos tan abarrotados de obligaciones, corremos mucho, ocupados con los distintos preparativos.
En nuestro hemisferio, diciembre es el mes en que finaliza el período lectivo. Hay fiestas de cierre de clases; distintas actividades sociales para despedir el año; preparativos para el período de vacaciones y, en nuestro país hasta un cambio de gobierno. El ajetreo es incesante. Salís a la calle y está llena de gente que se apresura a hacer sus compras navideñas. A todo eso, los cristianos les sumamos distintas actividades religiosas. Si no estamos atentos, en medio de toda esa vorágine, podemos llegar a dejar a Jesús afuera, sin un lugar de privilegio en nuestra agenda y, por supuesto, en nuestra vida.
Lo ideal y nuestra meta es celebrar al Señor todos los días, pero ¿cuál es el inconveniente con aprovechar una fecha especial, que viene de nuestra tradición, para rendirle honores y celebrar su cumpleaños? Dios, nos ha enviado el mejor regalo del cielo. Como dice Isaías…
Porque nos ha nacido un niño, se nos ha dado un hijo. Sobre sus hombros descansa la autoridad y se le han puesto estos nombres: Hacedor de grandes planes, Dios invencible, Padre eterno, Príncipe que trae la paz. La grandeza de su autoridad y paz no tendrá fin. Reinará en el trono y en el reino de David. Lo establecerá y sostendrá con la justicia y el derecho desde ahora y para siempre. Todo esto será posible, debido al amor intenso del SEÑOR Todopoderoso.
Isaías 9.6 y 7 (PDT)
(Énfasis del autor)
En esta semana te animamos a que recuerdes y hagas “lugar” para celebrar el nacimiento y compartir el significado de esta noticia con aquellos con quienes te encuentres.
Mónica Lemos
