Herodes

Después de que Jesús nació en Belén de Judea en tiempos del rey Herodes, llegaron Jerusalén unos sabios procedentes del Oriente. —¿Dónde está el que ha nacido rey de los judíos? —preguntaron—. Vimos levantarse su estrella y hemos venido a adorarlo. Cuando lo oyó, el rey Herodes se turbó y toda Jerusalén con él. Así que convocó a todos los jefes de los sacerdotes y maestros de la Ley de su pueblo para preguntarles dónde había de nacer el Cristo. —En Belén de Judea —le respondieron—, porque esto es lo que ha escrito el profeta: “Pero tú, Belén, en la tierra de Judá, de ninguna manera eres la menor entre las principales ciudades de Judá; porque de ti saldrá un príncipe    que será el pastor de mi pueblo Israel”. Luego Herodes llamó en secreto a los sabios y se enteró por ellos del tiempo exacto en que había aparecido la estrella. Los envió a Belén y les dijo: —Vayan e infórmense bien de ese niño y tan pronto como lo encuentren, avísenme para que yo también vaya y lo adore. Cuando Herodes se dio cuenta de que los sabios se habían burlado de él, se enfureció y mandó a matar a todos los niños menores de dos años en Belén y en sus alrededores, de acuerdo con el tiempo que había averiguado de los sabios.

Mateo 2. 1 -8; 16 NVI

(Énfasis del autor)

El rey Herodes era, seguramente, alguien muy inseguro. Dicen algunos historiadores de esa época que en sus últimos años se había vuelto muy paranoico, suspicaz y cruel.

Había llegado a acumular mucho poder, pero desconfiaba hasta de su círculo más cercano. De hecho, mandó asesinar a varios integrantes de su propia familia.

Es lógico que, cuando unos sabios desconocidos le preguntan por el rey de los judíos que ha nacido, sienta que hay alguien que llega al mundo para competir con él y para destronarlo. Por lo tanto, se pone inmediatamente en acción: Llama a su círculo de poder y recaba información. Seguidamente vuelve a hablar con los sabios en secreto y les pide que encuentren al niño y luego le avisen para que también pueda trasladarse y adorarlo.

Además de paranoico es hábil y mentiroso… sus intenciones son muy distintas. Sin embargo Dios que conoce lo más profundo de los corazones, les avisa a los sabios y Herodes es burlado. Como su astucia humana no le sirve, se enfurece y organiza una matanza de niños.

¡Qué historia horrible! Nos muestra hasta dónde puede llegar alguien para defender su poder y sus privilegios. Lo leemos y pensamos ¡qué locura!

Sin embargo, muchas veces procedemos de esa manera con Jesús. Los cristianos estamos acostumbrados a repetir que el Señor es el Rey de nuestras vidas, pero en algunas áreas somos bastante parecidos a Herodes: queremos seguir en el trono; tomar decisiones de acuerdo con los modelos de otro reino; defender nuestros pequeños espacios de poder humano a los que a veces les damos una pincelada de barniz espiritual.

Las personas somos así desde el Edén. Queremos ser como dioses y en el proceso, tal vez estemos dispuestos a estudiar sobre Jesús; a cantarle canciones; a rendirle culto y a disfrutar de sus bendiciones. Todo eso siempre y cuando no pretenda reinar sobretoda nuestra vida.

Hoy el verdadero Rey te invita a preguntarte cuáles son aquellas áreas “herodianas” que poco a poco van apagando en vos la vida que viene del cielo. Jesús siempre está dispuesto a reinar en cada vida que se lo permita. Si hay áreas que todavía te cuesta mucho entregarle, hacé el intento. Él siempre toma lo poco que le ofrecemos, aun con dudas, y lo transforma en vida abundante.

 

Mónica Lemos