Con la cara descubierta, todos nos quedamos mirando fijamente la gloria del Señor, y así somos transformados en su imagen cada vez con más gloria. Este cambio viene del Señor, es decir, del Espíritu.
2° Corintios 3: 18 PDT
Era costumbre para el pueblo judío ir cada sábado a la sinagoga a escuchar la lectura de las Escrituras que eran enseñadas de padres a hijos y eran conocidas por todo el pueblo. Este mismo conocimiento era el que le impedía muchas veces a la iglesia primitiva tener un entendimiento renovado y asimilar las enseñanzas de Jesús porque la educación actuaba como un cerrojo a la nueva fe.
Cristo vino a establecer un Nuevo Pacto y le dio un sentido más profundo al cumplimiento del Antiguo Pacto cuando dijo:
No crean que vine a quitar la ley ni a decir que la enseñanza de los profetas ya no vale. Al contrario: vine a darles su verdadero valor.
Mateo 5:17 TLA
Hay una continuidad básica entre el Antiguo y el Nuevo Pacto. La ley que Moisés recibió en el Sinaí reflejaba el pensamiento de Dios, que desde el principio era el plan perfecto del Reino de los Cielos.
Pablo conocía las limitaciones de la religiosidad del pueblo, porque él mismo las había experimentado.
Pero el entendimiento de ellos se embotó; porque hasta el día de hoy, cuando leen el antiguo pacto, les queda el mismo velo no descubierto, el cual por Cristo es quitado.
(Énfasis del autor)
El rito y las costumbres “evangélicas” también pueden parcializar en nosotros la visión renovada de Cristo, así como sucedía con la iglesia de Corinto. Porque no es solamente por leer o conocer las Escrituras que somos libres y que se renueva nuestro pensamiento. Sólo el Espíritu Santo puede hacernos libres en su obrar que nos enseña y discipula.
Leí una vez una frase que me impactó: “El mejor maestro del mundo no puede enseñarle al hombre que cree saberlo todo y no quiere aprender.”
Y muchas veces nuestros conocimientos son justamente los que nos hacen incrédulos y poco moldeables.
Me impresiona sobremanera la frase de Pablo: “el entendimiento de ellos se embotó”, es como decir: “son necios por creer saberlo todo”.
Es necesario ser como un niño, creer y confiar en la revelación nueva que Dios nos está dando como iglesia, como familia y como sus hijos de manera particular. Dios es un padre que alimenta a sus hijos con comida fresca cada día. Esto no invalida lo que aprendimos y vivimos hasta ahora, pero necesitamos buscar el maná de cada día, y comprometernos con la visión y el mover del Espíritu… cada día.
Si en tu vida hay cosas que cambiar, si tu andar con Cristo está un poco detenido sería maravilloso que vuelvas a buscarlo y conozcas algo nuevo y diferente de Dios.
Nosotros no somos los mismos de hace una década atrás, o un año atrás, y en el comienzo de una nueva etapa 2024 necesariamente debemos ser “transformados de gloria en gloria”.
Ruth O. Herrera
