«El segundo es: ‘Ama a tu prójimo como a ti mismo’
Marcos 12:31 NVI
(Énfasis del autor)
Amar a Dios, amar a quienes amamos, amar al prójimo aún desconocido, amar a quienes nos hirieron… ¿Cómo estás con tu amor propio?
En el trajín diario a menudo perdemos, a causa de las exigencias del mundo exterior, el cuidar nuestro mundo interior.
Según lo que Jesús dijo amarnos a nosotros mismos es la base esencial para amar genuinamente a los demás. Como un principio claro, el amor hacia nosotros mismos es el patrón para amar a los demás, que no es lo mismo que el egoísmo, sino el reconocer el privilegio de ser creados a imagen de Dios.
Este mandato nos invita a cuidar de nosotros mismos física, emocional y socialmente y obviamente, también cuidar nuestro espíritu.
«Te alabo porque soy una creación admirable. ¡Tus obras son maravillosas, y esto lo sé muy bien!»
Salmo 139:14 NVI
¡Qué emocionante es saber que fuimos hechos y amados por el Creador del universo a Su misma imagen! Hoy no solo somos “creados”, ya somos “sus hijos” y “habitación de Su Presencia”. Sabernos así puede reenfocarnos y capacitarnos para vernos cada día. Esto implica respetar nuestros propios tiempos, nuestra salud, nuestra vida de comunión con Dios, lo que oímos y vemos… El saber cuidarnos nos ayuda a amar y servir a otros.
Seguramente tuviste un día en que el exigirte más de lo que podías resultó en peleas, malestar físico, pérdida de tiempo y sensación de frustración, entre otras cosas.
«¿Acaso no saben que su cuerpo es templo del Espíritu Santo, quien está en ustedes y al que han recibido de parte de Dios? Ustedes no son sus propios dueños; fueron comprados por un precio. Por tanto, honren con su cuerpo a Dios.»
1° Corintios 6:19-20 NVI
Al reconocer tu identidad en Cristo, cuidar del templo del Espíritu Santo y practicar el perdón, sembrás una base sólida para ofrecer un amor genuino y transformador a aquellos que te rodean. Amar a tu prójimo como a vos mismo es posible cuando desatás un amor auténtico que comienza desde adentro hacia afuera. Y esto incluye lo que pensamos de nosotros mismos cuando las cosas no nos salen tan bien. ¿Qué cosas te decís cuando te equivocás, cuando tropezás otra vez con la misma piedra? ¿Se lo dirías a otra persona? No es cuestión de autoindulgencia, pero sí de vernos también a nosotros mismos a través de los ojos de amor de nuestro Papá, uno que siempre tiene los brazos abiertos para perdonar, no para juzgar.
Terminemos esta serie de devocionales hablando con Papá:
Padre Celestial, gracias por amarnos incondicionalmente. Ayudame a entender la importancia de amarme a mí mismo como base para amar a los demás. Que tu Espíritu Santo me guíe cada día a cuidarme y disfrutar realmente quien soy. Gracias por hacerme tal cual soy y amarme de tal manera.
Amén.
Ruth O. Herrera
Agradecemos esta semana la colaboración de Yanet Sokur
