El alma generosa será prosperada, y el que sacie a otros, también él será saciado.
Mateo 28: 19a TLA
Cuenta la leyenda india que un hombre transportaba agua todos los días a su aldea usando dos grandes vasijas, sujetas en las extremidades de un pedazo de madera que colocaba atravesado sobre sus espaldas. Una de las vasijas era más vieja que la otra, y tenía pequeñas rajaduras; cada vez que el hombre recorría el camino hasta su casa, la mitad del agua se perdía.
Durante dos años el hombre hizo el mismo trayecto. La vasija más joven estaba siempre muy orgullosa de su desempeño, y tenía la seguridad de que estaba a la altura de la misión para la cual había sido creada, mientras que la otra se moría de vergüenza por cumplir apenas la mitad de su tarea, aun sabiendo que aquellas rajaduras eran el fruto de mucho tiempo de trabajo. Estaba tan avergonzada que un día, mientras el hombre se preparaba para sacar agua del pozo, decidió hablar con él: -Quiero pedirte disculpas ya que, debido a mi largo uso, sólo consigues entregar la mitad de mi carga, y saciar la mitad de la sed que espera en tu casa.
El hombre sonrió y le dijo: -Cuando regresemos, por favor observa cuidadosamente el camino. Así lo hizo. Y la vasija notó que, por el lado donde ella iba, crecían muchas flores y plantas.
– ¿Ves cómo la naturaleza es más bella en el lado que tú recorres? –comentó el hombre-.
Siempre supe que tú tenías rajaduras, y resolví aprovechar este hecho. Sembré hortalizas, flores y legumbres, y tú las has regado siempre. Ya recogí muchas rosas para adornar mi casa, alimenté a mis hijos con lechuga, col y cebollas. Si tú no fueras como eres, ¿cómo podría haberlo hecho?
El alma generosa será prosperada, y el que sacie a otros, también él será saciado.
Proverbios 11: 25 RV1960
¡Qué bueno ser alguien que es capáz de potenciar y acompañar a otro en el desarrollo de sus aptitudes y capacidades! Ser puentes que ayuden para el logro ajeno y disfrutar las victorias y triunfos ajenos.
Aun cuando el otro no crea en sí mismo, vos y yo podemos ayudarlo/a en su debilidad siendo sabios para orientar y guiar a la verdad que en Dios nuetra debilidad puede ser nuestra fortaleza.
Ver en los otros las posibilidades más que las falencias es lo que Jesús hacía constantemente.
Para quien conoce a Cristo como su Señor, la promesa de “todo lo puedo en Cristo”, es una garantía absoluta que vivimos en lo personal, y también podemos ayudar a otros a vivirlo. Como cristianos debemos ayudar a los demás a reconocer que no siempre lo malo es permanentemente malo y que las debilidades pueden ser moldeadas. Tenemos a nuestra disposición la sabiduría sobrenatural del Espiritu Santo para ayudar a los más débiles o inseguros a fortalecerse y afianzar un carácter firme.
El alma generosa será prosperada; y el que saciare, él también será saciado.
Proverbios 11:25 RV1960
Todos necesitamos que nos alienten y acompañen, si estás dispuesto/a a hacerlo por otro, ayudalo a ver que tiene la capacidad de lograr cualquier cosa que se proponga si no deja que el miedo o la duda lo detengan. Que no vea los errores como fracasos, el camino hacia el éxito puede ser arduo; ayudalo a seguir adelante, incluso cuando las cosas se pongan difíciles. Recordale que cada persona tiene su propio ritmo para avanzar. Y sobre todas las cosas “que en Cristo somo mas que vencedores”.
Ruth O. Herrera
