Discriminados

Hoy te propongo algo diferente. En lugar de comenzar con una cita bíblica, quiero compartir con vos un tema y que después de leerlo seas quien busque en la Biblia el pasaje que puede sustentar este devocional. 

¿Te animás?

 

Rodrigo es un hombre de 38 años licenciado en Comunicación. Él reconoce haber vivido algunos ejemplos de discriminación que, si bien podrían parecerle insignificantes, denotan una sociedad atrapada en los prejuicios.

“La primera vez que tuve contacto con el racismo fue en casa de mi abuela paterna, quien siempre que llegaba una persona de piel blanca decía que tenía un bonito color. Mi madre es morena, mi abuela paterna menos morena, pero no tan blanquita como sus hermanas o su madre. Recuerdo que alguna vez fue una novia de uno de mis tíos, muy blanca, y mi abuela le dijo a mi mamá: ‘Mira que bonito color de piel, no como el tuyo o el mío’. Por otro lado, mi abuela nunca trató mal a mi madre y yo, que soy de piel morena, siempre fui el consentido”.

 

Elena de 38 años recuerda que desde temprana edad batallaba por haber nacido mujer: “Lo primero que dijo mi padre cuando se enteró de que había nacido fue ‘uy, una vieja’”. Y aunque no duda del amor de su padre, reconoce que todo el tiempo trataba de demostrarle que podía ser igual o más capaz que su hermano. Su padre por el concepto que tenía de ella siempre la estaba haciendo menos cuando trataba de dar sus opiniones en asuntos familiares: “Mi padre siempre me aplicaba la de ‘cállate, tú no sabes’. A pesar de sentir que ya tengo superada esa parte de mi padre, la padecí bastante…”

Tomado de El Economista. Dos historias de discriminación

 

La discriminación es una actitud que consiste en tratar de forma injusta o desfavorable a una persona o a un grupo de personas, y podemos pensar sin equivocarnos que entristece a Dios porque infringe los derechos y capacidades que le dio a cada ser humano.

 

Generalmente presuponemos que como hijos de Dios somos inmunes a estas actitudes, pero…. ¿Crées que como cristiano podés tener pensamientos, actitudes o sentimientos discriminatorios? Creo que yo sí.

Muchas veces sin tener conciencia o por error discriminamos a alguien, simplemente porque es una realidad en cada ambiente en el que vivimos y no estamos ajenos.

En general la discriminación sucede por muchas razones como raza, género, edad, religión, orientación sexual, discapacidad, nacionalidad, clase social, o cualquier otra característica que los diferencie de los demás.

Por eso pensar en esto es siempre oportuno, porque aun siendo cristianos podemos discriminar o ser discriminados. A veces por ignorancia y otras por miedo a los cambios cometemos el error de abrir un juicio que hiera o maltrate a alguna persona o nos contamine a nosotros mismos.

La más minima diferencia, lo distinto y desgual nos puede incomodar, pero nada nos hace mejores o peores.

 

Dios no hace acepción de personas; trata igual a los ricos y a los pobres, pues todos somos obra de sus manos.

Job 34:19 RVC

 

Al pensar en la discriminación nos enfrentamos con nuestra capacidad de practicar la misericordia y examinar desde la Palabra la infinita misericordia y paciencia de Papá que nos acepta sabiendo que “no hay justo ni aún uno”. Todos somos iguales ante el Señor.

  

¿Que cita bíblica o palabra crees que necesitaría recibir Rodrigo o a Elena de acuerdo a sus historias? ¿Cómo abordarías el tema con ellos?

Ruth O. Herrera