Compromiso inquebrantable

» Ahora estoy obligado por el Espíritu a ir a Jerusalén. No sé lo que me espera allí, solo que el Espíritu Santo me dice en ciudad tras ciudad que me esperan cárcel y sufrimiento; pero mi vida no vale nada para mí a menos que la use para terminar la tarea que me asignó el Señor Jesús, la tarea de contarles a otros la Buena Noticia acerca de la maravillosa gracia de Dios.

Hechos 20: 22-24 NTV

(Énfasis del autor)

 

“El Señor nos ha llamado y su llamado implica un sentido y un destino. Creo que nos tenemos que preparar para que ese futuro que Dios ha preparado para nosotros. Así, cada mañana te levantás y sabés para quién vivís.

 

Así vivo con gozo, no amargado, no soy un cristiano que está obligado a la tarea. Tengo que predicar el evangelio de poder para ver vidas cambiadas, ver cómo se transforma todo a mi alrededor.

Vamos en pos de esa visión que es la visión de siempre. Vamos a tomar decisiones que son únicas como cada uno de nosotros es único.”

Pastor Hugo Herrera

 

En las diferentes versiones bíblicas las palabras de Pablo resuenan con un desprendimiento notable.

«Pero de ninguna cosa hago caso, ni estimo preciosa mi vida para mí mismo, con tal que acabe mi carrera con gozo».

El apostol decide servir a Dios con una entrega total que le provoca desinterés por su propia seguridad. La misión que lleva adelante es su razón de ser, su única y absoluta prioridad. Para Pablo, la misión es más preciosa que su propia vida.

 

La palabra «carrera» ilustra una competición, una carrera que debe ser completada, no es una tarea casual, sí un compromiso inquebrantable. Su deseo no es simplemente sobrevivir a las pruebas, sino completar su misión con gozo, y experimentar la alegría del servicio fiel a su Señor.

 

En las palabras de Pablo, detectamos la sombra de la prisión y la persecución. Él declara: «sabiendo que me esperan prisiones y tribulaciones«. No es ajeno a la realidad y los grandes desafíos que le esperan. Sabiéndolo de antemano, enfrentó la cárcel, azotes y condenas en su compromiso con el evangelio de su Señor. Por eso me impacta su decisión de ir a Jerusalén que muestra el desapego asombroso a su propia comodidad y seguridad.

Saber que su futuro inmediato era tan difícil no fue motivo para que se eche atrás.

Me da la impresión que eso era lo que provocaba su desapego a su propia vida.

Y en alguien que había vivido en lugares de privilegio y disfrutado de ser importante en su sociedad, me impacta todavía más, pues pareciera que tenía más que perder.

Su resolución y su enfoque no es en evitar el sufrimiento, sino abrazar su misión.

 

“Mi vida no tiene valor si no cumplo con lo que Dios me pidió”

 

Estas palabras surgen de una fe inquebrantable que mira más allá de las cadenas. Son la razón del cumplimiento de un propósito divino y mucho más grande que él mismo.

 

La historia de Pablo resuena a lo largo de los siglos como un ejemplo absoluto de sacrificio y devoción que una persona puede alcanzar por amor y obediencia a Dios. Nos desafía a examinar nuestras propias vidas, a considerar la fuerza de nuestra dedicación a la misión que Cristo nos encomendó.

Ruth O. Herrera