Me llegó este mensaje del SEÑOR: «Antes de que yo te formara en el vientre de tu madre, ya te conocía. Antes de que nacieras, ya te había elegido para que fueras un profeta para las naciones».
Jeremías 1:5-5 PDT
Jeremías, otro muchachito hebreo que Dios eligió para cambiar la historia de su pueblo. Comenzó como Gedeón, quejándose de sí mismo, pero eso no cambió la opinión del Padre. Experimentó una vida personal de dolor y soledad. A menudo se le llama el «profeta llorón» debido a sus lamentos por la desobediencia de Israel y por la inevitable disciplina divina que se avecinaba.
Más de una vez se sintió paralizado por el desaliento y la falta de fe. Se enfrentó a la oposición y la persecución. Fue encarcelado en varias ocasiones debido a sus mensajes proféticos impopulares. Sin embargo, incluso en la prisión, continuó proclamando la palabra de Dios, y cuando fue liberado y pudo elegir quedarse en Judá o ir a Babilonia; eligió quedarse.
Las circunstancias no cambiaban para bien, al contrario de Gedeón, éste fue el profeta que declaro juicio y exilio. Por eso hoy me pregunto y te pregunto: ¿Hasta que punto soy capaz de perseverar? ¿Alguna vez puedo dejar de creer?
La vida de Jeremías es un testimonio poderoso de la fidelidad a Dios en medio de tiempos difíciles y del llamado a hablar la verdad incluso cuando es impopular. Su ministerio abarcó décadas, y su mensaje sigue siendo relevante hoy como un recordatorio de la importancia de la obediencia y la esperanza en Dios incluso en momentos de desdicha.
Pero a cada momento… Dios lo alentó a no temer. Aunque inicialmente paralizado, Jeremías encontró fuerza en la promesa de Dios. Su historia nos inspira a confiar en la fidelidad de Dios incluso en medio de la desolación.
La mayor parte de su vida se expuso pero finalmente, a pesar de sus mensajes de juicio, Jeremías también proclamó la esperanza de la restauración futura de Israel. Habló de un nuevo pacto que Dios haría con su pueblo y de la venida del Mesías.
Su legado perdura a través de los escritos que llevan su nombre en la Biblia, donde su fidelidad a Dios y su valentía al proclamar la verdad sirven como un ejemplo para las generaciones posteriores.
El llamado de Jeremías y su lucha con la desesperanza, contrastan con su confianza final en la fidelidad de Dios.
Terminemos esta serie de devocionales con una promesa que hoy puede ser para vos y para mí. En los tiempos buenos o los malos, cuando quedamos paralizados por la circunstancia esta Palabra también nos pertenece:
Esto dice el SEÑOR: «Cuando se completen los 70 años de Babilonia, yo los visitaré y cumpliré la promesa que hice a favor de ustedes de hacerlos regresar a este lugar. Sé muy bien lo que tengo planeado para ustedes, dice el SEÑOR, son planes para su bienestar, no para su mal. Son planes de darles un futuro y una esperanza. Entonces ustedes me llamarán, vendrán y orarán, y yo los escucharé. Me buscarán y me encontrarán cuando me busquen de todo corazón. Dejaré que ustedes me encuentren, dice el SEÑOR. Les devolveré lo que les quitaron y los traeré de regreso de todos los lugares a los que los arrojé, dice el SEÑOR. Los traeré de regreso al lugar de donde los desterré».
Jeremías 29: 10-14 PDT
Ruth O. Herrera
