Jesús les dijo: —Les digo la verdad: antes de que Abraham naciera, Yo Soy.
Juan 8:58 PDT (Énfasis del autor)
Jesús se presenta a sí mismo como el Yo Soy. En diferentes oportunidades pone de manifiesto su esencia divina al darles a los judíos esta tarjeta de presentación íntimamente conectada con el Antiguo Testamento, específicamente cuando Dios se revela a Moisés en el Monte Sinaí como «Yo Soy el que Soy».
Pero Moisés le respondió: —El problema es que si yo voy y les digo a los israelitas: “El Dios de sus antepasados me ha enviado a ustedes”, ellos me van a preguntar: “¿Cómo se llama?” Y entonces, ¿qué les voy a decir? Y Dios le contestó: —YO SOY EL QUE SOY. Y dirás a los israelitas: “YO SOY me ha enviado a ustedes.”
Éxodo 3:13- 14 DHH
Este trasfondo resalta aún más la afirmación de Jesús y su identidad divina. Jesús se manifestó como el fundamento de la existencia, el principio de todo, el mismo Dios que los defendió y salvó de Egipto en el desierto.
Y Jesús les dijo: —Yo soy el pan que da vida. El que viene a mí, nunca tendrá hambre; y el que cree en mí, nunca tendrá sed.
Juan 6:35 DHH (Énfasis del autor)
Después de alimentar a cinco mil personas con cinco panes y dos peces, Jesús se reencuentra con la multitud identificando el por qué lo seguían. Su intención no solo era satisfacer las necesidades físicas, sino darles el alimento que realmente necesitaban.
En esa cultura el pan era más que solamente un alimento; era símbolo de Dios mismo. En su historia e identidad se reflejaba cómo el “Yo Soy” proveyó maná a los israelitas en el desierto dándole al pan un significado histórico más profundo que el que tiene para nosotros hoy. Jesús al presentarse como el pan de vida está conectando con esa tradición, pero a la vez afirmando que solo Él es el verdadero sustento en la vida, el nuevo maná. Jesús usa una metáfora acorde a lo que la gente había experimentado hacía apenas unas horas atrás… “Si ayer los alimenté con solo unos panes y pocos peces… vivir alimentados de mis enseñanzas será marvilloso y les cambiará la vida completamente”.
Tener la certeza de que cada día hay pan y comida en la mesa es imprescindible para no vivir angustiados y dependiendo solamente de lo material, sobre todo en un tiempo en el que ir al supermercado significa más que solo hacer compras, porque cada vez más nos enfrenta a elegir cuidadosa y austeramente, y aun teniendo fe nos provoca incertidumbre.
Hoy, creer que Jesús es nuestro pan, también involucra confiar en que Él es nuestra provisión diaria. Vivir en la conciencia de entregarle nuestra economía es un acto de fe, con la decisión consciente de confiar en que nada nos faltará mas allá de nuestras propias fuerzas, habilidades y recursos. No seguimos a Jesús por lo que nos da, pero no hay duda de que es nuestro proveedor.
Fíjense en las aves del cielo: no siembran ni cosechan, ni almacenan en graneros; sin embargo, el Padre celestial las alimenta. ¿No valen ustedes mucho más que ellas? ¿Quién de ustedes, por mucho que se preocupe, puede añadir una sola hora al curso de su vida? ¿Y por qué se preocupan por la ropa?
Mateo 6:26-32 NVI
Te propongo que esta semana, en cada compra, cada vez que te enfrentes a tu situación económica, buena o no, te repitas: Jesús me dijo “Yo soy el Pan de Vida”.
Ruth. O Herrera
