Jesús se dirigió otra vez a la gente, diciendo: —Yo soy la luz del mundo; el que me sigue, tendrá la luz que le da vida, y nunca andará en la oscuridad.
Juan 8: 12 DHH
Este versículo se pronunció durante la Fiesta de los Tabernáculos, en un contexto en el que antorchas enormes iluminaban Jerusalén. Jesús aprovecha este simbolismo para declarar que Él es la luz que trasciende las sombras de la vida, ofreciendo una claridad que va más allá de lo físico. El pensamiento judío asociaba a Dios con la luz, como en el salmo 27: “Jehová es mi luz y mi salvación”. Al declararse la luz del mundo en este contexto, Jesús conecta la historia del pueblo con su persona y misión.
En el desierto una nube de fuego iluminaba el campamento hebreo durante la noche, y el Mesías venía a alumbrar un nuevo camino.
- Barclay destaca en su comentario de este pasaje que, para los rabinos, el nombre del Mesías era Luz, por lo que esta declaración tenía un significado extremadamente desafiante.
Jesús volvió a presentarse a sí mismo como el Dios soberano, quien separó las tinieblas de la luz. Vino a ser la luz del mundo y luz para cada individuo, pero para los religiosos su declaración fue demasiado arrogante, más cuando sostuvo que el testigo de que Él era la luz era Dios mismo.
Hacía muy poco lo habían tentado al traer a una mujer adúltera frente a Él. Creyeron que le ponían una trampa al decirle… “encendimos la luz y encontramos a una pecadora…” Pero la Luz de Jesús se reflejó en ellos mismos y cayeron en su propia trampa.
Hace algunos meses atrás por un problema de salud, comencé a ver las cosas distorsionadas. No era por falta de luz, pero aun de día no veía con claridad. Pasé por varios estudios médicos, pero en uno en particular tenía que estar a oscuras y detectar pequeños puntos en la pared. Lo hice cinco veces en 10 meses, y a partir del tercero cada vez que lo hacía estaba segura de que el resultado sería perfecto. Pero no, mi neuróloga me decía enfáticamente: “Usted no ve con claridad”. El problema era que yo no reconocía mi problema porque me había acostumbrado a ver de esa manera y ya no lo detectaba.
Nuestra experiencia frente a la afirmación de Jesús es absolutamente diferente a la de los fariseos y religiosos. Sabemos que Jesús es nuestro Señor y nuestra luz. La cuestión no radica en saberlo o creerlo, sino en cuánto influye Su luz en nosotros.
¿Cuáles son nuestras tinieblas? ¿Te parece muy fuerte la pregunta? Reformulo: ¿Qué cosas necesitás o decidís mantener ocultas?
La luz de Jesús trae transparencia espiritual, en nuestras relaciones, pensamientos, pasado… Esto nos expone, pero no para acusarnos sino para sanarnos y salvarnos de nuestra incapacidad de ver claramente su voluntad. Por eso Su Presencia en nosotros y con nosotros tiene el poder de cambiar nuestras vidas cuando su señorío nos dirige.
Pido también que Dios les dé la luz necesaria para que sepan cuál es la esperanza a la cual los ha llamado, cuáles son las riquezas de la gloria de su herencia en los santos, y cuál la supereminente grandeza de su poder para con nosotros, los que creemos, según la acción de su fuerza poderosa…
Efesios 1: 18-19 RVC
Te invito a pensar en la idea de que la luz no solo revela, sino que también transforma. Es una nueva oportunidad, que aclara lo confuso o distorsionado. Jesús, actuando en nuestra vida, nos redirecciona hacia la sanidad, santidad, a ver la realidad con esperanza, a los otros con misericordia. Su presencia ilumina esos rincones oscuros, disipando el temor y brindando paz.
Ruth O. Herrera
