Faltaba muy poco para que empezara la fiesta de la Pascua, y Jesús sabía que se acercaba el momento en que dejaría este mundo para ir a reunirse con Dios, su Padre. Él siempre había amado a sus seguidores que estaban en el mundo, y los amó de la misma manera hasta el fin.
Juan 13: 1 TLA
Jesús durante su ministerio había hecho muchos milagros, enseñó, camino muchos kilometros uniendo diferentes historias y culturas. Era común que hiciera cosas extrañas a los ojos de los demás, pero esta noche en particular… justo antes de su arresto, hizo algo absolutamente impactante.
Cada día necesitaba dejar su marca, enseñar de todas maneras a sus discípulos lo que debían reproducir en las próximas décadas y formar un nuevo pueblo.
Todo en Jesús era sobrenatural. Cuando hablaba era contundente y cuando actuaba era inolvidable. Juan describe la escena de el Maestro de rodillas como un sirviente y transmite el asombro de sus amigos.
…mientras estaban cenando, Jesús se levantó de la mesa, se quitó su manto y se ató una toalla a la cintura. Luego echó agua en una palangana, y comenzó a enjuagar los pies de sus discípulos y a secárselos con la toalla.
Juan 13: 4b-5 TLA
Enseguida les explica que este acto de servicio es un ejemplo para ellos. Les muestra que el mayor entre ellos debe ser como el más pequeño y que el liderazgo en el Reino de Dios se manifiesta a través del servicio humilde y amoroso. O sea… reafirma lo que tantas veces les enseñó.
Popularmente se puede confundir humildad con humillación. Nadie quiere ser o sentirse menos, el status, propuesta social es : “que nadie te diga que sos menos”, y no está mal, pero esto se traduce muchas veces en la lucha por quien es mejor.
Pero entre ustedes no debe ser así. Al contrario, el que entre ustedes quiera ser grande, deberá servir a los demás
Mateo 20: 26 DHH
Ser humilde implica tener una actitud de modestia, sencillez y una sana falta de orgullo o arrogancia. Una persona humilde reconoce sus propias limitaciones, virtudes y defectos sin exaltarse ni menospreciarse a sí misma. La humildad implica también tener un respeto genuino hacia los demás, reconocer el valor y las capacidades de otras personas, y estar dispuesto a aprender de ellos.
Ser humilde no significa ser débil o pasivo.
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Hoy comienzan los 4 días en que recordamos el sacrificio y la resurrección de Jesús, días en que en el Rey de reyes no hizo milagros entre la gente, pero ganó la mayor de las victorias. En realidad, el mayor de los milagros.
Esa noche comenzó la más importante enseñanza de humildad para la humanidad. Inicia con Jesús de rodillas frente a los discípulos y siguió con sus silencios, dolor, perdón, muerte y resurreción.
Su sacrificio supremo nos enseña que la verdadera grandeza se encuentra en el servicio y la entrega total de sí mismo.
Su muerte nos muestra que la humildad no es debilidad, sino fuerza y la resurrección un sello de eternidad en nosotros.
Sus ultimos días fundaron un nuevo pueblo, establecieron la manifestación de Su Reino en el que aquellos que se humillan serán exaltados por Dios.
Ruth O. Herrera
