La fragilidad de los recuerdos

«Diles a los israelitas que ellos y sus descendientes deben poner siempre, en el borde de su ropa, cordones de color violeta. Así, cada vez que vean los cordones, recordarán que deben obedecer todo lo que les he mandado. De esa manera no me desobedecerán ni seguirán sus propios deseos, ni los pensamientos que los llevan a alejarse de mí.

Números 15:38-39 TLA

(Énfasis del autor)

Los pensamientos son poderosos. En este versículo, Dios instruye a su pueblo a tener una señal visible que los ayudara a recordar sus mandamientos para mantenerse consagrados a Él. Les daría una nueva tierra, pero al cumplir su promesa sabía lo frágil que su pueblo era para mantenerse cerca. Así que les enseñó cómo hacer sus ofrendas detalladamente y les dio una consigna para que no se olvidaran de cumplir con el plan establecido.

Todos tenemos la capacidad de recordar y olvidar, pero lo que hace la diferencia es la importancia que le damos a aquello que amamos o tenemos como importante. Observemos esta información:

“La memoria y el recuerdo están estrechamente relacionados, ya que el recuerdo es un proceso fundamental de la memoria.

La memoria se refiere a la capacidad del cerebro para almacenar, retener y recuperar información y experiencias pasadas. Es un proceso complejo que implica varias etapas, que incluyen el almacenamiento y la recuperación (recuerdo) de la información cuando sea necesario.

El recuerdo, por otro lado, es el proceso mediante el cual traemos a la conciencia información almacenada en la memoria. Es la capacidad de recordar o evocar información específica cuando se la necesite. Este proceso puede ser activado por diversos estímulos, como una palabra, una imagen, un olor o una experiencia previa.

Así que, en resumen, la memoria es la capacidad de almacenar información, mientras que el recuerdo es el proceso mediante el cual accedemos y recuperamos esa información almacenada en la memoria cuando la necesitamos. Ambos son aspectos cruciales del funcionamiento cognitivo humano y están interconectados en la forma en que percibimos, aprendemos y recordamos el mundo que nos rodea”.

Encontré esta información en línea y me ayudó a entender la importancia de este pasaje. El pueblo había experimentado grandes milagros al salir de Egipto, pero el Creador sabía de la incapacidad de hacer memoria en quienes había creado. Las experiencias del desierto opacaban todo aquello que habían visto y los había hecho libres. Entonces, Dios les dio un recurso para recordar, algo sencillo. Al darles las indicaciones de cómo presentar sus ofrendas de perdón y adoración, la forma visible de recordar eran aquellos flecos violetas. No eran un adorno, eran la señal de que no debían olvidar.

Nuestros pensamientos direccionan nuestra relación con Dios, lo que pensamos de Él, de nosotros mismos, de la iglesia, son algunas claves para acercarnos o distanciarnos de Papá. Pueden influir en nuestras acciones y actitudes hacia Él y hacia los demás.

Por eso, vos y yo necesitamos “hacer memoria”. Hoy meditando en esto recordé el porqué Jesús insitió con sus discípulos…

También tomó pan y le dio gracias a Dios; luego lo partió, lo dio a sus discípulos y les dijo: «Esto es mi cuerpo, que ahora es entregado en favor de ustedes. De ahora en adelante, celebren esta cena y acuérdense de mí cuando partan el pan

Ruth O. Herrera