Confiésense los pecados unos a otros y oren los unos por los otros, para que sean sanados.
Santiago 5:16 NTV
Al filtrar nuestros pensamientos a través de nuestros propios criterios posiblemente no podemos ser acertados y justos, por eso la Palabra nos recomienda tener personas que nos escuchen, nos ayuden a verbalizar lo que no decimos a voz en cuello. Jesús le pidió ayuda a sus amigos más cercanos que lo acompañen en oración la noche en que sus pensamientos y emociones luchaban con los pensamientos del Padre.
Es verdad, solos podemos proteger nuestra mente de influencias negativas y llenarla con cosas que honran a Dios, pero cuando estamos enredados en una maraña de pensamientos que no nos edifican es muy bueno buscar ayuda. Esto puede enfocarnos para mantener una perspectiva saludable y centrada en Cristo. Todos necesitamos quien nos escuche, a quien confesar y abrir nuestro corazón. Rendir cuentas no significa ser vulnerables o débiles, al contrario, es muestra de madurez.
Buscar con quien abrir nuestro corazón y desenmascarar nuestros pensamientos es una forma importante de proteger nuestra mente. Al compartir nuestras luchas y preocupaciones con otros, podemos recibir apoyo, oración y consejo que nos ayuden a mantenernos firmes en la verdad de Dios.
Sé sabio/a al buscar a esa persona, orá, pedí guía del Espíritu y animate a buscar la voz de Dios orando con otra persona. Y cuando seas capaz de hacerlo, Dios te va a dar la capacidad de escuchar y bendecir con sabiduría a otros.
La obra transformadora del Espíritu Santo también es ejecutada cuando confesamos nuestros malos pensamientos. El proceso de arrepentimiento y restauración es dinámico, todos lo necesitamos para ir hacia la sanidad espiritual y emocional.
El error, el pecado, se inicia en lo íntimo al pensar en ideas erróneas, en conceptos equivocados, generados por nosotros mismos o por alguna influencia. Jesús lo dijo:
“Han oído el mandamiento que dice: “No cometas adulterio”. Pero yo digo que el que mira con pasión sexual a una mujer ya ha cometido adulterio con ella en el corazón.
Mateo 5: 27-28 NTV
Lo que miramos, escuchamos, percibimos trabaja en nuestra mente y nos transforma o modifica nuestro pensamiento, provoca lo bueno o lo malo y después, como dijo el Maestro vivimos de acuerdo a eso.
En la humildad de la confesión hay crecimiento espiritual, unidad, proceso de restauración. Esto sucederá si somos capaces de admitir nuestros errores ante otros, reconocemos nuestra dependencia de Dios y buscamos Su perdón y restauración.
Si necesitás charlar, orar, pensar con alguien y se lo pedís a Papá, Él te dará un amigo, una amiga y juntos podrán edificarse mutuamente. Jesús hablaba con el Padre y también con sus amigos cuando necesitó compañía en el proceso.
Ruth O. Herrera
