Que sea lo que Dios quiera

Con paciencia esperé que el Señor me ayudara, y él se fijó en mí y oyó mi clamor.

Salmo 40:1 NTV

El Salmo 40 es atribuido a David y, según la tradición, se cree que lo escribió durante un período de gran dificultad en su vida. Aunque no existe un consenso absoluto sobre el contexto exacto en que lo compuso, muchos eruditos bíblicos sugieren que fue escrito durante su huida de Saúl. Una de las épocas más difíciles de su vida, el rey de Israel estaba celoso de sus éxitos y buscaba matarlo. David experimentó momentos de desesperación y peligro mientras se escondía en el desierto y en cuevas para escapar de los intentos de asesinato, pero a pesar de todo, confió en Dios mientras esperaba y así mantuvo una fe inquebrantable. En su declaración vemos la templanza que pudo desarrollar aun siendo un hombre de gran carácter, un guerrero. A través del ejemplo de David aprendemos que la paciencia no es una señal de debilidad, sino una expresión de fe y confianza en la fidelidad de Dios.

Paciencia en los momentos donde más se la necesita. Esto no significa pasividad, sino una confianza activa y perseverante en la bondad y el poder de Dios para intervenir en cada situación. La paciencia en los problemas no es resignación. Muchas veces podemos decir: “Que sea lo que Dios quiera”, pero lo que sentimos o creemos es lo opuesto. Cuando alguien no se atreve a tomar una decisión, se desliga de la responsabilidad y se la achaca a Dios. Cuando no tenemos la convicción de declarar la sanidad de alguien, decimos, aun con muy buena intención: “Que sea lo que Dios quiera”. Yo creo que esto es resignación.

Resignarse ante las dificultades es lo contrario a mantener una actitud de expectativa y confianza en que Dios cumplirá Sus promesas en el momento adecuado. Esta paciencia nace en la profunda convicción de la soberanía de Dios y Su persistente amor hacia Sus hijos.

Durante esta semana compartimos, desde diferentes aspectos y relatos, el significado y la vivencia de ser pacientes. No sé cómo o qué tan paciente sos, en lo personal, muchas veces lucho con mi ansiedad e impaciencia, por eso sé en primera persona, que la paciencia no brota espontáneamente, sino que llega a ser un proceso, un aprendizaje, un desafío en tiempos difíciles.

La paciencia vence toda resistencia. La cortesía vence toda oposición.

Proverbios 25: 15 TLA  

Al leer este proverbio pensé que la mayor resistencia que tengo que vencer, en los momentos más álgidos, es la mía; mi resistencia a esperar, a confiar, a descansar, a dormir tranquilamente en las noches, a declarar lo que Dios me dice sin agregarle puntos o comas. 

Hoy oro, aun sin conocerte, para que, si estás leyendo este devocional, el Espíritu Santo desate en tu interior una paciencia renovada para esperar las respuestas de Papá, comprender a los demás y ser libre de toda ansiedad. 

Por eso, mi consejo es que pongan todo su empeño en: Afirmar su confianza en Dios, esforzarse por hacer el bien, procurar conocer mejor a Dios, y dominar sus malos deseos. Además, deben ser pacientes, entregar su vida a Dios, estimar a sus hermanos en Cristoy, sobre todo amar a todos por igual.

2° Pedro 1: 5-7 TLA

 

Ruth O. Herrera