Único Dios

Tú me diste autoridad y poder sobre todos los que viven en el mundo, para dar vida eterna a todos los seguidores que me has dado.

Esta vida eterna la reciben cuando creen en ti y en mí; en ti, porque eres el único Dios verdadero, y en mí, porque soy el Mesías que tú enviaste al mundo.

Juan 17:2-3 TLA

(Énfasis del autor)

La estadística afirma que solo el 33% de la población mundial es cristiana, pero Dios es soberano absoluto, aunque muchos lo nieguen. 

Para quienes conocemos personalmente a Jesús y recibimos su salvación, comenzar el día reconociendo a  Dios como nuestro soberano nos da un enfoque de la realidad según su voluntad. Nuestra responsabilidad es saber elegir entre Su voluntad y la nuestra.

El capítulo 17 del evangelio de Juan es denominado por los estudiosos “la oración sacerdotal”. Ese es un momento íntimo y solemne cuando Jesús se comunica con el Padre demostrando su rol como mediador entre Dios y los hombres. Llegaba el momento de su sacrificio en Jerusalén, pocas horas antes de su arresto y crucifixión, y Jesús reconoció la soberanía del Padre al pedir ser glorificado según la voluntad divina y no humana.

El Hijo destaca la soberanía del Padre y el trabajo que desde su trono precede su obra en la tierra…: “a los que me diste”

Te he dado a conocer a los que me diste de este mundo. Siempre fueron tuyos. Tú me los diste, y ellos han obedecido tu palabra. Ahora saben que todo lo que tengo es un regalo que proviene de ti, porque les he transmitido el mensaje que me diste.

Juan 17: 6-8a NTV

(Énfasis del autor)

En este párrafo la unidad y dependencia de Jesús es absolutamente clara, concreta y explícita. Cada una de sus afirmaciones no dejan lugar a la duda. En la Biblia la admiración de un hijo por su padre es tan clara que no podemos corrernos de nuestro lugar de hijos rendidos y obedientes.

 Jesús les dijo: «Les aseguro que el Hijo de Dios no puede hacer nada por su propia cuenta; solamente hace lo que ve hacer al Padre. Todo lo que hace el Padre, también lo hace el Hijo. Pues el Padre ama al Hijo y le muestra todo lo que hace; y le mostrará cosas todavía más grandes, que los dejarán a ustedes asombrados.

Juan 5: 19-20 DHH

(Énfasis del autor)

Todo está sujeto al Padre, Su voluntad es irrefutable y Su Primogénito fue obediente hasta la muerte.

Cuando medito en sus palabras mi propia sujeción se pone a prueba. La obediencia a los parámetros de vida de Papá me lleva a la idea de  “rendición” ¡Sí, me rindo! ¡Me venciste!… Papá vos tenés siempre la razón. Y en ciertos aspectos de la vida resulta más sencillo, pero en otros es como una batalla en la que no quiero mostrar mi bandera blanca. Es decir, sencillamente no quiero rendirme a Su soberanía, siento que no puedo o lo postergo.

Estoy segura de que vos sabés en qué áreas o decisiones no estás listo, lista para declarar tu rendición. Hoy solo te dejo esta pregunta: ¿Te das por vencido/a?

 

Ruth O. Herrera