También tenemos la palabra profética que es aun más firme. Ustedes hacen bien en estar atentos a ella como a una antorcha que alumbra en lugar oscuro, hasta que aclare el día y el lucero de la mañana se levante en su corazón.
2° Pedro 1. 19 (RV 2015)
(Énfasis del autor)
Si estuvieras en un lugar completamente oscuro. ¿Qué sensaciones te provocaría? posiblemente miedo, desconcierto, inseguridad y, sobre todo, el deseo de salir de allí lo más rápido posible. Esto es normal. A nadie le gusta estar a ciegas.
Ahora bien, esa oscuridad puede ser literal o figurada. Hay temporadas “oscuras” y en estas podemos optar por distintas estrategias para terminar con nuestro malestar, como quedarnos paralizados hasta que aparezca algún atisbo de claridad para tomar decisiones; pedir sabiduría a Dios, pero actuar sin esperar su respuesta; hablar con algún hermano maduro en la fe o un terapeuta que nos ayude a ver… Todas son buenas opciones, pero no siempre resuelven el problema. A veces hacemos todo lo que está a nuestro alcance y aun así seguimos atrapados en una especie de túnel.
Tal vez sientas que solo te sucede a vos, pero es una experiencia muy común hasta en las personas que consideramos más consagradas a Dios. Así la describió el sacerdote y poeta Juan de la Cruz en su poema “la noche oscura del alma”.Es posible que te preguntes ¿Cómo sé que estoy atravesando “la noche oscura del alma”? Algunos indicios que pueden ayudarte a reconocerla son los siguientes:
‘Negación del presente: surge una necesidad imperiosa de volver al pasado, en un tiempo y espacio en el que supuestamente estábamos mejor.
Necesidad de huida: intentos desesperados para salir de estas emociones.
Desconcierto: no se sabe qué camino seguir.
Desesperanza: imposibilidad de ver el futuro como algo mejor’.
Este breve resumen extraído de internet puede orientarte, por lo menos sabés qué es lo que te pasa y también que no solo te sucede a vos. Otros ya la atravesaron, muchos años antes y pueden ayudarte a tratar con la culpa que, en algún momento, se asome. No siempre es porque hiciste algo mal; te falte fe; oración o comunión con Dios. Simplemente sucede en algún momento de la vida y es un camino que hay que recorrer.
Mencioné la figura del túnel, también puede ser una cueva, porque mientras leía el texto recordé algunos documentales que muestran lugares a los que solo se accede con la guía de un experto al que los turistas deben seguir paso a paso si no quieren extraviarse. Generalmente él provee linternas o antorchas que iluminan un poco el recorrido, también va delante del grupo y puede mostrar aspectos desconocidos de un lugar que es único, pero, sobre todo, conoce cómo salir de allí y hacer que todos regresen a la superficie, sanos y salvos. Esa salida que parece imposible de descubrir para aquel que ingrese solo y camine temeroso y a tientas…
Pedro, el que escribió el texto, nos recomienda que estemos atentos a la Palabra como a una antorcha que alumbra en lugar oscuro, hasta que aclare el día y el lucero de la mañana se levante en su corazón.
La noche oscura del alma es una experiencia que todos, de una manera u otra, vamos a vivir. Sin embargo ¡qué diferente es cuando hacemos ese recorrido con un guía experto que pone en nuestras manos una antorcha que ilumina el lugar! Podemos anidar la esperanza de que en algún momento saldremos y, además, lo haremos con una visión renovad porque la noche más cerrada no impedirá nunca la llegada de la claridad del día. El lucero de la mañana se “levantará” en nuestro corazón.
Mónica Lemos
