Ustedes deben orar así: «Padre nuestro que estás en el cielo, santificado sea tu nombre. Venga tu reino. Hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo».
Mateo 6: 9-10 NVI
(Énfasis del autor)
Alguien me preguntó hace unos días: ¿cómo sé cuál es la voluntad de Dios para mí? Me di cuenta de que la respuesta que esperaba era un tipo de fórmula o directiva. La más segura y lógica era: La Biblia tiene tu respuesta. Pero dudé en contestar porque no tenía certeza, por la dirección de la charla, de que comprendiera lo que le diría.
No es fácil esta respuesta, pero el principio de la voluntad de Dios ya fue revelado, y solo se descubre al buscarlo a Él, cuando es nuestra prioridad, cuando realmente deseamos su comunión. No se conoce Su voluntad sin conocer a Cristo. La voluntad de Dios fue actuada, revelada, manifestada en la vida diaria de Jesús.
Y lo mas gráfico es que Él mismo dijo:
No crean que vine a quitar la ley ni a decir que la enseñanza de los profetas ya no vale. Al contrario: vine a darles su verdadero valor. Yo les aseguro que mientras existan el cielo y la tierra, ni siquiera un punto o una coma se quitará de la ley, hasta que todo se cumpla. Por eso, si alguien no obedece uno solo de los mandatos de Dios, aun el menos importante, será la persona menos importante en el reino de Dios.
Mateo 5: 17-19 TLA
(Énfasis del autor)
Y al ascender a su Trono aseguró que enviaría al Espíritu Santo que nos enseña la Verdad, el sentido, la dirección los tiempos de la perfecta voluntad del Padre.
El Espíritu separa la verdad de la opinión… Y solo quienes estén dispuestos a esperar Sus respuestas reconocerán la diferencia.
Dios nos responde, pero en realidad sus hijos solemos tener una memoria débil. La mayor parte de nuestras preguntas o deseos tienen respuesta en la Palabra, pero es necesario renovar nuestra mirada o interpretación, diferenciar nuestros pensamientos de Sus pensamientos.
Pedir que sea hecha Su voluntad requiere ser capaces de vivir bajo las leyes del Reino de los cielos. El deseo de Dios fue interpretado por Su Hijo: obediencia a pesar de…
Jesús se alejó un poco de ellos, se arrodilló y oró a Dios: «¡Padre!, ¡papá!, si fuera posible, no me dejes sufrir. Para ti todo es posible. ¡Cómo deseo que me libres de este sufrimiento! Pero que no suceda lo que yo quiero, sino lo que quieras tú.»
Marcos 14: 35-36 TLA
¿Cuántas veces oraste de esta misma manera dispuesta/o a obedecer y recibir la respuesta que no deseabas? Hoy me hago esta pregunta y puedo decir con sinceridad que es una asignación que no cumplo todos los días. Sé que Dios me ama y me dio libertad absoluta, pero esa libertad puede volverse en mi contra.
La voluntad perfecta de Dios y su voluntad permisiva son una confrontación habitual.
Porque yo sé que en mí, es decir, en mi naturaleza débil, no reside el bien; pues aunque tengo el deseo de hacer lo bueno, no soy capaz de hacerlo. No hago lo bueno que quiero hacer, sino lo malo que no quiero hacer. Ahora bien, si hago lo que no quiero hacer, ya no soy yo quien lo hace, sino el pecado que está en mí.
Romanos 7: 18-20 DHH
Pero el apóstol Pablo siguió escribiendo, después de reconocer lo difícil de hacer la voluntad de Dios agregó: porque la ley del Espíritu que da vida en Cristo Jesús, te liberó de la ley del pecado y de la muerte. Seguí buscando y deseando el deseo de Dios para tu vida, no hay nada mejor que Su voluntad.
Ruth O. Herrera
