Nicodemo volvió a preguntarle: — ¿Cómo puede ser esto?
Jesús le contestó: — ¿Tú, que eres el maestro de Israel, no sabes estas cosas? Te aseguro que nosotros hablamos de lo que sabemos, y somos testigos de lo que hemos visto; pero ustedes no creen lo que les decimos. Si no me creen cuando les hablo de las cosas de este mundo, ¿cómo me van a creer si les hablo de las cosas del cielo? Nadie ha subido al cielo sino el que bajó del cielo; es decir, el Hijo del hombre. Y así como Moisés levantó la serpiente en el desierto, así también el Hijo del hombre tiene que ser levantado, para que todo el que cree en él tenga vida eterna.
Juan 3: 9-15 DHH
(Énfasis del autor)
Esto dijo Jesús de sí mismo, y fue una constante en su vida, Él enseñó lo que vivió, y morir para nacer fue parte de la palabra que dio una y otra vez. Cada día de su vida nuestro Señor decidió seguir cambiando el cielo por la tierra, su plenitud por la mortalidad. Jesús fue el primero en nacer y comenzar una historia nueva.
Hoy, frente a esta lectura, el Señor te pregunta: ¿Estás dispuesto a nacer otra vez? ¿Estás preparado/a para morir a lo viejo una vez más? ¿Querés pasar a un nuevo nivel en este proceso?
Presumo que, si estás leyendo este devocional, tenés al menos una inquietud como la de Nicodemo, y de vos depende que las cosas viejas sigan pasando…
Jesús, de alguna manera, puso en duda el conocimiento y la experiencia religiosa de Nicodemo. Como fariseo no consideraba la menor duda sobre su salvación, al fin y al cabo, guardaba la ley escrupulosamente conforme a la tradición farisaica. Había nacido de la descendencia de Abraham, a quien Dios dio la promesa en la antigüedad. Fue circuncidado al octavo día, con lo cual se convirtió en miembro de la comunidad del pacto. No era un odiado publicano, a quienes muchos judíos consideraban inmundos y pecadores dado su contacto continuo con los gentiles. Era una persona ejemplar. Pero nacer de nuevo también significaba dejar todo esto atrás. Necesitaba la certeza de que lo que Jesús ofrecía era mucho mejor.
Nicodemo representa a aquellos que, a pesar de sus posiciones y tradiciones, tienen el valor de buscar la verdad. Su interés pudo haberle costado su reputación.
También Nicodemo, el que una noche había ido a hablar con Jesús, llegó con unos treinta kilos de perfume a donde estaba José. Los dos tomaron el cuerpo de Jesús, y lo envolvieron en vendas de una tela muy cara. Luego empaparon las vendas con el perfume que había llevado Nicodemo.
Juan 19: 39-40 TLA
Siguió cercano a Jesús, y vemos en otros relatos que su necesidad espiritual lo llevó a interceder por el Maestro. Desde su incomprensión inicial sobre el «nacer de nuevo» hasta su defensa del Maestro y finalmente su cuidado del cuerpo de Jesús, Nicodemo muestra una progresión en su fe y entendimiento.
Aunque no se menciona explícitamente que se haya convertido en un seguidor abiertamente, sus acciones indican una transformación interna. Su valentía al defender a Jesús y su participación en el entierro son testamentos de su fe y devoción... de haber nacido de nuevo.
Para nosotros hoy es mucho más fácil comprender el nuevo nacimiento porque tenemos de antemano la explicación e interpretación. Pero no se trata de lo intelectual, sino de poner en hechos concretos lo que Cristo dijo: “Te es necesario volver a nacer en mí”.
Ruth O. Herrera
