A pesar de todo

Desháganse de los dioses que sus antepasados adoraron al otro lado del río Éufrates y en Egipto, y sirvan sólo al Señor. Pero si a ustedes les parece mal servir al Señor, elijan ustedes mismos a quiénes van a servir: a los dioses que sirvieron sus antepasados al otro lado del río Éufrates, o a los dioses de los amorreos, en cuya tierra ustedes ahora habitan. Por mi parte, mi familia y yo serviremos al Señor.” 

Josué 24: 13-14b NVI

 

Josué era un líder excepcional que fue fiel al rumbo que Dios planeó para la nación hebrea. Pero a pesar de ser un óptimo dirigente, por décadas luchó con la debilidad del pueblo que cedía a las costumbres y religiones paganas de las otras naciones que tenían que conquistar.

Seguramente su misión fue agotadora, una gran carga, muchos años guiando y lidiando con gente excesivamente terca. Al finalizar su tarea, ya anciano, volvió a declararse fiel a Dios y dejó a cada familia la responsabilidad de elegir su propio futuro.

 

“…bueno, hagan lo que quieran, pero yo sí me quedo con Dios”.

 

Josué hizo lo que Dios le pedía, pero el pueblo parecía que vivía en otra “sintonía”, y esto no dejó que las bases y cimientos que él puso dieran un resultado permanente. 

Israel sirvió al SEÑOR durante la vida de Josué y la de los ancianos que vivieron después de su muerte, quienes conocían toda la obra que el SEÑOR hizo por Israel.

Josué 24: 31 PDT

(Énfasis del autor)

 

Perseveró, y persistió aun sin ver resultados inmediatos. Se plantó en la promesa que Dios le había hecho desde el principio: estar siempre cercano de quien cumple esforzadamente y sin miedo su tarea.

Pudo con su familia, pero no con el pueblo; no logró alcanzar parte de su misión, sin embargo, eso no significó que había fracasado completamente…

Trabajo, lucha, insistencia, esfuerzo, fatiga, frustración… son palabras que representan muchas veces lo que vivimos. Sensaciones, emociones y sentimientos que nos agotan; épocas en las que gastamos nuestra energía en tareas y misiones de las que no vemos el resultado esperado. 

Ante la oposición o resistencia de otros, y en la sociedad misma, nuestra misión parece diluirse o no causar el efecto esperado. Muchos padres ven que el educar en la fe a sus hijos no es suficiente, esposos o esposas luchan con un matrimonio que se debilita en las diferencias o expectativas no cumplidas. Como Josué, vivimos a diario en nuestras familias lidiando contra la corriente de la sociedad, plena de propuestas y visiones opuestas a nuestra fe, y nos agotamos procurando rescatar nuestros valores éticos y espirituales, motivando y generando espacios de contención. 

Hoy te propongo que leas y hagas tuya, una y otra vez, la promesa de Josué sobre tu propia familia… tu primera misión. Desata intencionalmente esta Palabra sobre ellos:

 

Nadie te podrá hacer frente en todos los días de tu vida; como estuve con Moisés, estaré contigo; no te dejaré, ni te desampararé. Esfuérzate y sé valiente; porque tú repartirás a este pueblo por heredad la tierra de la cual juré a sus padres que la daría a ellos. Solamente esfuérzate y sé muy valiente, para cuidar de hacer conforme a toda la ley que mi siervo Moisés te mandó; no te apartes de ella ni a diestra ni a siniestra, para que seas prosperado en todas las cosas que emprendas. Nunca se apartará de tu boca este libro de la ley, sino que de día y de noche meditarás en él, para que guardes y hagas conforme a todo lo que en él está escrito; porque entonces harás prosperar tu camino, y todo te saldrá bien. Mira que te mando que te esfuerces y seas valiente; no temas ni desmayes, porque Jehová tu Dios estará contigo en dondequiera que vayas.

Ruth O. Herrera