Y perdónanos nuestras deudas, como también nosotros perdonamos a nuestros deudores.
Mateo 6: 12 RV1960
(Énfasis del autor)
El perdón es un proceso esencial para vivir en paz. Es un camino difícil de transitar, muchas veces nos estacionamos en el resentimiento y hacemos de la falta de perdón nuestro estilo de vida. Cuando alguien nos hace daño de alguna manera, perdonar no siempre es la primera opción.
Al terminar esta serie de devocionales pensando en la verdad, la honestidad, la firmeza y lealtad, casi necesariamente se deduce que involucra el tener una disposición o más bien, decisión de perdonar “a nuestros deudores”. Me gusta como lo traduce la versión Reina Valer porque nos lleva a pensar directamente a perdonar una deuda.
En mi adolescencia trabajé en el negocio familiar con mi papá como fundador y gerente de la fábrica y mueblería que llevaba su apellido. Por supuesto aprendí muchas cosas buenas, laborales y técnicas. Construir muebles es apasionante, ver la madera transformarse es muy inspirador y puedo decir que yo también fui transformada en ese tiempo. Mi papá todavía no trabajaba en el ministerio pastoral, pero su actitud de vida mostraba cada día esa esencia. Lo que recuerdo siempre al meditar acerca del perdón es, las no pocas veces, que él después de la jornada de trabajo, visitaba personalmente a sus clientes para interesarse y saber porqué se atrasaban con las cuotas. Lo que nunca más volví a ver, después de dejar aquel trabajo, fue a alguien perdonar tantas deudas y dar los documentos de “pagaré” que se usaban entonces, cortados a la mitad y entregados como pago final. Realmente a mí no me gustaba, creía que la gente se abusaba, que el negocio familiar perdía ganancias, y menos que después de cerrar el negocio teníamos que ir durante la noche a “perder plata”. Cada vez que subíamos al coche y papá llevaba la “carpeta de pagarés”, sabía que alguien sería perdonado.
Traigo este recuerdo porque cada vez que José subía al auto después de dar por cancelada una deuda era maravilloso ver su sonrisa. Realmente era feliz.
Cuando Jesús hubo tomado el vinagre, dijo: Consumado es. Y habiendo inclinado la cabeza, entregó el espíritu.
Juan 19:30 RV1960
(Énfasis del autor)
Jesús en la cruz dijo: “Teteslestai”: la deuda está pagada. Hoy me imagino la alegría en el rostro del Redentor al volver a ver a sus amigos después de resucitar. La paz que les otorgaba porque ya nada los iba a separar.
Estoy segura de que muchas veces leíste y escuchaste acerca del perdón, pero hoy de manera sencilla te propongo pensar en el resultado de perdonar. Hay tantas cosas que dibujan una sonrisa en nuestra cara, pero hay una alegría y paz diferente cuando … “finalmente pudimos perdonar”. Al perdonar a otro cancelamos nuestra propia deuda de paz.
No es sencillo si realmente la ofensa o la deuda es grande, pero la dimensión de la alegría está directamente relacionada. Si todavía estás en proceso, tomá la decisión final para decir: ¡Por fin lo hice! ¡Ya no tengo deuda!
Ruth O. Herrera
