La luz

Yo Soy la Luz del Mundo

Juan 8:12 RV1960

 

¿Alguna vez jugaste al “gallito ciego”? Lo más divertido es rodear al que tiene los ojos vendados para despistarlo, molestarlo y que se desoriente. Es un juego que seguramente los chicos de hoy no jueguen en los recreos, pero sí creo que todos los días muchos adultos lo “jugamos” al andar a ciegas en nuestras ocupaciones, rutinas, apuros, negocios, frustraciones, miedos… y otras realidades cotidianas.

No es raro levantarnos con el tiempo justo, prepararnos y salir con los ojos vendados. Lo que nos rodea, el paisaje cotidiano ya no lo vemos. Tampoco reconocemos nuestras debilidades y convivimos con ellas sin la necesidad de que salgan a la luz. ¿Qué me responderías si te pregunto?: ¿Qué viste de nuevo hoy en vos?

En este capítulo del evangelio de Juan está el relato de la mujer descubierta en adulterio y de los que se alejaron de Jesús cuando Él los confrontó con sus propios pecados y oscuridades. Una clara descripción de: “encender una luz para que se vea lo escondido”.

La luz expone, descubre, exhibe, exterioriza, no deja lugar a la duda. A esto vino Jesús, pero no para que otros vean, sino para que nosotros nos veamos a nosotros mismos. Es la Luz de nuestro propio mundo. Él no necesita una luz extra, ya nos conoce profundamente, somos nosotros quienes tenemos que exponernos a Su luz para reconocernos y aceptar nuestra necesidad de ser transformados.

Tenemos que exhibir nuestras áreas oscuras, de manera sabia y valientemente, a la luz de Jesús. Ver, reconocer y confesar nuestras debilidades, obsesiones, miedos, enojos, decisiones que nos alejaron del centro de Su voluntad. Actitudes que, por ser diarias, ya no distinguimos como errores.

 

Jesús volvió a hablarle a la gente: —Yo soy la luz que alumbra a todos los que viven en este mundo. Síganme y no caminarán en la oscuridad, pues tendrán la luz que les da vida.

Juan 8: 12 TLA

(Énfasis del autor)

 

Jesús volvió a hablar con la gente, les dijo otra vez, les repetía sus enseñanzas… hoy lo hace con vos y conmigo.

Jesús afirmó: «Yo soy la luz del mundo; el que me sigue, no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida».

Solo Él nos ilumina y guía en medio de la oscuridad del pecado y la confusión. Siguiendo Su luz, encontramos claridad, verdad y dirección para nuestras vidas.

 

Ruth O. Herrera

Ruth O. Herrera