Hacer posible el milagro… empecemos por casa

Después de varios días, Jesús regresó al pueblo de Cafarnaúm. Apenas se supo que Jesús estaba en casa,  mucha gente fue a verlo. Era tanta la gente que ya no cabía nadie más frente a la entrada. Entonces Jesús comenzó a anunciarles las buenas noticias. De pronto, llegaron a la casa cuatro personas. Llevaban en una camilla a un hombre que nunca había podido caminar. Como había tanta gente, subieron al techo y abrieron un agujero. Por allí bajaron al enfermo en la camilla donde estaba acostado.

Marcos 2: 1-4 TLA

 

Los cuatro amigos eran grandes provocadores de bendición, no les bastaba acompañar en su dolor al amigo paralítico, ellos se dispusieron a ser parte de un cambio de vida radical para el enfermo. Entonces acordaron juntos hacer posible el milagro. Seguro algo nada fácil, porque llegar con una camilla en medio del tumulto se complicaba a cada paso. Entre la gente quizás alguno de ellos habrá dicho: “¡esto es imposible!”. Finalmente se dieron cuenta de que la primera idea no era posible llevarla a cabo, porque no era este el único enfermo que estaba en medio de la multitud. Imposible negar que los empujones y  pisotones solo provocaban dudas y desánimo. ¿De qué manera llegar hasta el sanador?

Y de repente alguno de ellos tuvo una idea descabellada. Las sogas, el desarmado de aquel techo, el peso del cuerpo del enfermo, quienes los veían seguramente  suponían que ellos tendrían que tener todo calculado. 

Las casas en Palestina tenían techo plano. La escalera, construida a un lado de la casa, permitía un fácil acceso al techo, que estaba construido con vigas y tablones cubiertos con mezcla, así que los cinco hombres se decidieron a llevar su cometido a como dé lugar.

Entre las muchas cosas que podemos destacar de esta historia, algo que sobresale es el compromiso de estos hombres por ayudar al enfermo. El no quedarse con el primer resultado o aceptar un aparente fracaso como lo definitivo. El “empatizar” con el problema ajeno, esto llevó la situación a tener un resultado absolutamente sobrenatural. Las palabras claves para esta historia son. FE, SOLIDARIDAD, AMISTAD, AUDACIA.

Ahora, si miramos hacia atrás en nuestra propia historia, seguramente recordaremos alguna circunstancia en la que, conociendo la necesidad de alguien, “por alguna buena razón”, nos quedamos con los brazos cruzados. 

Nuestra rutina no coincide con el poder hacer del problema ajeno el propio. Además, siempre habrá un tercero que haga algo. Nadie es tan bueno y tan justo, ninguno de los que leemos estas líneas podemos asegurar el haber actuado siempre de manera impecable.

¿Te animás a hacer memoria?

El Espíritu derramándose de manera fluida en nuestra iglesia no puede menos que enfrentarnos a los otros, a sus vidas, a sus necesidades y a nuestra posibilidad de hacer algo por ellos. Mirar de cerca al Señor da como resultado acercarnos al otro.

Empecemos por “romper vigas” en casa, por nuestra familia. Mirá el video que sigue con los más pequeños, hijos, sobrinos, hermanos, nietos, y oren juntos por las personas que conocen y tienen necesidades económicas y de salud. Empecemos por romper vigas con nuestra familia.

Ruth O. Herrera