Fijemos nuestra mirada en Jesús, pues de él procede nuestra fe y él es quien la perfecciona.
Hebreos 12: 2ª DHH
Nuestra fe está centrada en Cristo. Es alimentada por el Espíritu de Dios que vive en nosotros. Fe no es fuerza para creer… es la acción del Espíritu de Dios en nuestra vida. Aun en nuestra debilidad poseemos esa fortaleza. Porque muchas veces somos como endebles para creer, Dios en su sabiduría no deja que dependa solo de nosotros.
“No se trata de nosotros, se trata de Él. Nuestra fe está centrada en Cristo. La clave no es la fe, sino en Quién la hemos depositado, y en dónde está nuestra confianza. Cada día cuando te levantes y abras los ojos, tenés que saber y creer que el Espíritu de Dios está con vos y que te puede llevar en victoria por caminos ásperos y mostrarte cosas tremendas. Mañana mismo, el Señor te puede dar cosas maravillosas”.
Pastor Hugo Herrera
¿Quién puede mover montañas?… ¡Vos, porque tenés armas poderosas y divinas! …¡El momento es ahora! El Señor te está llamando a mover montañas y quiere seguir trabajando con vos.
Procuren estar en paz con todos y llevar una vida santa; pues sin la santidad, nadie podrá ver al Señor. Procuren que a nadie le falte la gracia de Dios, a fin de que ninguno sea como una planta de raíz amarga que hace daño y envenena a la gente.
Hebreos 12: 14-15 DHH
(Énfasis del autor)
Si hay algo que superar en tu vida: pensamientos y argumentos que debilitan tu fe, raíces de amargura o sentimientos encontrados… por favor no te demores. Si hay algo que sanar, ponete en marcha hacia tu libertad.
No te engañes a vos mismo/a ni confundas a otros… Tus conflictos no resueltos, la falta de perdón, la amargura y el enojo hacen raíces no solo en tu vida, también influyen, determinan y condicionan a otros: tus hijos, hermanos, esposa/o y cualquier persona cercana es indefectiblemente influenciada por vos y esas raíces negativas. Pero Dios te entregó poderosas armas para que puedas vencer, mover montañas y muros internos y de esa manera no permitir que los falsos argumentos del enemigo o tu propia carne desvirtúen tus victorias en Cristo.
Soltá tus raíces de amargura, engaños, mentiras, palabras críticas, celos, voces extrañas… La verdadera dependencia se fortalece cuando llevás tus pensamientos cautivos y encarcelarlos en y a Cristo para recibir Sus pensamientos y manifestar Su identidad. Las armas que tenés en Él son suficientes para ser libre y hacer libres a otros.
El tiempo es ahora. Él sabe que tus armas no son carnales, los instrumentos que te dio son poderosos en Él para destruir cualquier fortaleza delante de vos.
El Señor te dice: “buscá ser enteramente mío y si hay alguna raíz de amargura en vos desechala porque muchos pueden ser contaminados por ella”. Tenés que buscar la santidad, no solo se trata de vos, también es por los que te rodean.
Ruth O. Herrera
