Pero con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, sino que Cristo vive en mí; y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí.
Gálatas 2:20 RV 1960
“Puedo saber qué dice la Biblia como un lector y un simple conocedor, o puedo ir un paso más profundo y preguntar: “¿qué me dice a mí?”. Ahí hay una búsqueda distinta, una comunión con Dios. De esa manera no leo la Escritura como quién lee una historia, como alguien que leyendo repara en la poética o en lo profético. Preguntarse “¿qué me dice el Señor en Su Palabra?” es lo importante.
Ocurre otro tanto en nuestra vida de oración. Te preguntaste alguna vez: “¿qué me dice el Señor en oración?” Así como a veces hablamos mucho y no decimos nada, nos ocurre con frecuencia que oramos casi en reglamento, simplemente por el “deber” de orar; eso es solo un monólogo. Tenemos que orar porque Él es un Dios vivo que habita en el humilde, en aquel que lo busca, en el pobre de espíritu, en el de corazón limpio, habita en aquel que lo ha buscado y se queda en él porque esa persona ha hecho una decisión firme por Jesús.
Entonces, por supuesto que la lectura de la Biblia y la oración de alguna manera nos van a llevar a conocer la voluntad de Dios”.
Pastor Hugo H. Herrera
En realidad, también yo he muerto en la cruz, junto con Jesucristo. Y ya no soy yo el que vive, sino que es Jesucristo el que vive en mí. Y ahora vivo gracias a mi confianza en el Hijo de Dios, porque él me amó y quiso morir para salvarme.
Gálatas 2:20 TLA
Es muy fuerte esta declaración que el apóstol Pablo hace en su carta a los gálatas, porque se trata de una persona que “no se dice” cristiano… sino que “se vive” en Cristo cada día. Esto mismo nos puede ocurrir en la lectura de la Biblia: la podemos abordar como si fuera solo un libro o ir en búsqueda de la esencia de Dios.
Tengo que tomar una decisión: que sea un hecho en mi vida disponerme a conocer más de mi Padre. Porque es en la Palabra, que descubro, aprendo y puedo reconocer a Dios; y es en la oración, ese diálogo cotidiano, en el que distingo la voz del Todopoderoso entre otras voces.
Para poder descubrir la hermosa voluntad de Dios tenemos que estar dispuestos a los cambios, a las renuncias y a aceptar lo que muchas veces no esperamos o deseamos.
Cambien su manera de pensar para que así cambie su manera de vivir y lleguen a conocer la voluntad de Dios, es decir, lo que es bueno, lo que le es grato, lo que es perfecto.
Romanos 12:2 DHH
Para ponerte en marcha, para que tu voluntad esté sujeta a la de Papá, Él manifiesta Su paternidad en tu vida. No podés vivir en dos direcciones simultáneamente, solo hay una voluntad para aceptar: la divina… o la tuya. ¿Cuál vas a elegir?
Ruth O. Herrera
