Llegando al lugar, Jesús miró hacia arriba y le dijo: —Zaqueo, baja en seguida. Tengo que quedarme hoy en tu casa. Así que se apresuró a bajar y, muy contento, recibió a Jesús en su casa.
Al ver esto, todos empezaron a murmurar: «Ha ido a hospedarse con un pecador.»
Pero Zaqueo dijo resueltamente: —Mira, Señor: Ahora mismo voy a dar a los pobres la mitad de mis bienes, y si en algo he defraudado a alguien, le devolveré cuatro veces la cantidad que sea. —Hoy ha llegado la salvación a esta casa —le dijo Jesús—
Lucas 19: 5-9 NVI
(Énfasis del autor)
¡¿Cómo ser igual cuando Jesús nos habla?!
Cuando Jesús caminaba entre la gente todo era diferente, las vidas de quienes creían eran cambiadas, y los que lo rechazaban… también cambiaban su futuro. Tanto en la aceptación o en el rechazo, cuando Cristo se acerca a una vida, siempre hay definiciones, es la oportunidad que define a las personas.
Quienes lo reconocemos como nuestro Señor recibimos una alegría y esperanza única en una decisión que se renueva día a día. Elegimos constantemente, desde lo más sencillo y cotidiano hasta lo más trascendente.
Diariamente tomamos decisiones, hacemos giros, y muchas veces no nos benefician. Pero cuando, como Zaqueo, definimos nuestros actos para bendecir y manifestar la obra de Dios, los resultados son realmente buenos. Esos son los giros que nos van llevando a ser más rectos, nos dan una visión diferente de las cosas.
Si hoy, simples cosas como el aumento de los precios hacen que cambiemos la forma de comprar, cuánto más puede cambiar nuestra perspectiva la inmensa y gran noticia de que Jesús nos da vida plena y un rumbo que afecta a los demás. Su amor nos cambia, nos bendice, esta es la consecuencia que trae a nuestra vida que Jesús venciera la muerte.
Cada una de los días de Jesús en la tierra marcaron una diferencia natural, espiritual y eterna. No hizo nada al azar, cada mirada, cada palabra, cada paso en los caminos fueron determinantes para vos y para mí.
En la mesa del publicano, la decisión del dueño de casa fue contundente y fruto de la voluntad del Maestro de arriesgarse a entrar en esa casa. El pequeño hombre finalmente gira, cambia de dirección, y entiende y reconoce las consecuencias de sus decisiones, fruto del pecado de la avaricia y el egoísmo.
Toda una vida en la dirección incorrecta. Su trabajo, su entorno, todo era afectado. Discriminado por el pueblo, despreciado, y aún así cada mañana seguía en la dirección equivocada. Es que a todos nos pasa que no nos resulta fácil cambiar de ruta, aun sabiendo que Dios nos propone otras decisiones seguimos eligiendo por costumbre, miedo, conveniencia, poder… y tantos otros motivos.
Pero en el encuentro, en la verdadera búsqueda, en el riesgo de subirnos a nuestro propio árbol sicómoro, Jesús se sienta a nuestro lado y cambia nuestro rumbo, pensamientos, decisiones… Todos los días, a cada minuto Jesús puede cambiar nuestro futuro.
Ruth O. Herrera
