Ver para creer, o ¿creer para ver?

Mientras Jesús estaba en la ciudad de Jerusalén, durante la fiesta de la Pascua, muchos creyeron en él porque vieron los milagros que hacía.

Juan 2.23 TLA

Me gusta la expresión “con el diario del lunes”. ¿La escucharon alguna vez? Se usa cuando uno opina sobre un comportamiento o decisión que tuvo lugar en el pasado y, por conocer los resultados o las consecuencias, uno juzga ligeramente. 

A pesar de no haber visto a Jesús en vivo y en directo, mi fe es medio como con el diario del lunes. Es decir, la avalan muchísimos años de tradición cultural y de estudios teológicos; proveyó las bases de las doctrinas y leyes de la parte del mundo que habito y también está hace años en mi familia. Ojo, no la doy por sentada, porque también está fundada en experiencias personales que no me las heredó nadie; pero creo que no es tan desafiante como lo fue para los que vivieron el mismo tiempo de Jesús.

Otros pueden pensar lo contrario: Viendo milagros de manera frecuente, es fácil creer. Pero para verlos, habría que haber estado relativamente cerca. ¿Habría yo ido corriendo a ver a un desconocido que decía ser el Hijo de Dios y habría visto sus milagros? En ese momento, no lo sé. Hoy, con el diario del lunes, sí.

De todas formas, a Jesús eso no lo impresionaba. Ni tampoco buscaba, creo, fundar su reino con esos milagros. Muchos creyeron en él después de verlos o experimentarlos, sin embargo, Juan aclara:

Mientras Jesús estaba en la ciudad de Jerusalén, durante la fiesta de la Pascua, muchos creyeron en él porque vieron los milagros que hacía. Pero Jesús no confiaba en ellos, ni necesitaba que le dijeran nada de nadie, porque los conocía a todos y sabía lo que pensaban.

Juan 2.24-25 TLA

Cada vez más estoy convencida de que Jesús no hacía los milagros para “llamar la atención”, para “dar visibilidad a su ministerio” ni para demostrar lo poderoso que era. Leyendo y comparando las historias, estoy cada vez más convencida de que Jesús los realizaba porque le interesaba la persona que lo necesitaba, porque quería cambiar su vida. Él los hacía por compasión y misericordia. Él no buscaba que viéramos para que creyésemos. De hecho, de la conversación con Nicodemo extraemos:

Jesús le dijo: – Te aseguro que si una persona no nace de nuevo no podrá ver el reino de Dios.

Juan 3: 1-3 TLA

Para ver, primero hay que creer; no al revés. Retomando el tema del lunes, me pregunto cuántas veces dejé de creer que Dios tenía un propósito para mi vida porque no veía los resultados que esperaba. ¡Y qué decir de esas “obras que debo capturar” cada semana, según el Pastor! Estaba segura que no las capturaba porque no las veía… ¿O será que no las veía porque no creía que podía capturarlas?

Me propongo ahora – y te invito también – a creer de manera más activa, a creer con acción. A creer y declarar. A creer y hacer en Su Nombre. A creer y arrepentirnos.  A creer y ser en Su Nombre. A creer y dar lugar al hombre nuevo en nosotros. A creer y dejar atrás lo viejo, extendiéndonos a lo nuevo. A creer prosiguiendo a la meta: alcanzar SU plenitud.

Nos invito a creer sin esperar a leer el diario del lunes.

Yan So