El domingo por la mañana temprano, cuando amanecía el nuevo día, María Magdalena y la otra María fueron a visitar la tumba. ¡De repente, se produjo un gran terremoto! Pues un ángel del Señor descendió del cielo, corrió la piedra a un lado y se sentó sobre ella. Su rostro brillaba como un relámpago, y su ropa era blanca como la nieve. Los guardias temblaron de miedo cuando lo vieron y cayeron desmayados por completo. Entonces, el ángel les habló a las mujeres: « ¡No teman!—dijo—. Sé que buscan a Jesús, el que fue crucificado. ¡No está aquí! Ha resucitado tal como dijo que sucedería. Vengan, vean el lugar donde estaba su cuerpo. Y ahora, vayan rápidamente y cuéntenles a sus discípulos que ha resucitado y que va delante de ustedes a Galilea. Allí lo verán. Recuerden lo que les he dicho»
San Mateo 28.1 al 7 (NTV)
(Énfasis del autor)
Hay noticias que parecen ser demasiado buenas como para ser verdad. Eso tal vez pensaron las mujeres, después de hablar con un ángel, cuando fueron a visitar la tumba del Señor. Entre el asombro y el miedo, no podían creer lo que estaban escuchando. Aunque las palabras del mensajero del cielo fueran muy concretas. De hecho les recordó que Jesús ya les había dicho que iba a morir y volver de la muerte “Ha resucitado tal como dijo que sucedería”.
Una vez más, las promesas del Maestro se cumplían. En este caso no era cualquier promesa. Era “la promesa más desconcertante de la historia” y las mujeres eran testigos privilegiadas de su cumplimiento.
Jesús desarrolló todo su ministerio entre la gente de su pueblo: recorrió aldea por aldea; asistió a las reuniones en la sinagoga; alimentó a los hambrientos; enseñó; celebró todas las fiestas religiosas; sanó a los enfermos; liberó endemoniados. Durante tres años todos pudieron verlo, día, tarde y noche, caminar por las calles, asistir al templo y predicar allí o en un barquito. Toda su tarea la realizó a la vista de todos.
Cada día Jesús iba al templo a enseñar y cada tarde regresaba a pasar la noche en el monte de los Olivos. Todas las mañanas, desde muy temprano, las multitudes se reunían en el templo para escucharlo.
San Lucas 21 37 y 38 (NTV)
No obstante, después de resucitar solo se les apareció a los suyos. A las mujeres, a los dos hombres del camino a Emaús, a Pedro, a los doce, a más de quinientas personas a la vez y, por último, unos años después, a Saulo de Tarso.
…Cristo murió por nuestros pecados, conforme a las Escrituras; y que fue sepultado, y que resucitó al tercer día, conforme a las Escrituras; y que apareció a Cefas, y después a los doce. Después apareció a más de quinientos hermanos a la vez, de los cuales muchos viven aún, y otros ya duermen. Después apareció a Jacobo; después a todos los apóstoles; y al último de todos, como a un abortivo, me apareció a mí.
1° Corintios 15:3b al 8 (RV1960)
La resurrección de Cristo no solo es una verdad histórica, también es el fundamento de nuestra fe y la esperanza firme de que Él cumplirá su promesa. Porque Jesús vive nosotros también viviremos. Por eso, aunque en el principio el día de reposo era el sábado, a partir de la resurrección, la iglesia disfruta de un nuevo día de reposo, el domingo. Cada domingo la iglesia celebra que Jesucristo ha resucitado y que un día regresará a buscarnos.
Mónica Lemos
