Viento extraño

Y él mismo concedió a unos ser apóstoles y a otros profetas, a otros anunciar el evangelio y a otros ser pastores y maestros. Así preparó a los del pueblo santo para un trabajo de servicio, para la edificación del cuerpo de Cristo hasta que todos lleguemos a estar unidos por la fe y el conocimiento del Hijo de Dios, y alcancemos la edad adulta, que corresponde a la plena madurez de Cristo. Ya no seremos como niños, que cambian fácilmente de parecer y que son arrastrados por el viento de cualquier nueva enseñanza hasta dejarse engañar por gente astuta que anda por caminos equivocados.

Efesios 4: 11- 14 (DHH)
(Énfasis del autor)

Hace tiempo que la publicidad descubrió el efecto que produce en nosotros la palabra “nuevo” y la utiliza para vender los más variados productos o servicios. La novedad nos atrae, capta nuestra atención y suele suceder que nos convence de que sí o sí debemos adquirir lo que los especialistas en marketing proponen. De a poco y casi sin que nos demos cuenta, algunas de estas realidades se filtran en nuestra vida de fe.

Nuestra relación con el Señor es fundamental. Genuinamente queremos que crezca y siga desarrollándose. Esto nos lleva a pensar en la importancia de conocer la Palabra y el fundamento de nuestra fe, ya que es fácil encontrarnos con nuevas interpretaciones, enseñanza o énfasis eclesiástico novedosos que pueden confundirnos o dudar.

En una conferencia para líderes cristianos, el expositor invitado explicaba que su congregación había nacido pocos días antes del comienzo de la pandemia y, por lo tanto, del aislamiento. Convencido de que Dios lo había llamado a pastorear una iglesia desde cero, estaba muy desconcertado y le pidió al Señor directivas específicas y estrategias divinas para llevar a cabo su tarea. Recibió una respuesta clara y se puso en marcha. El resultado fue que su comunidad creció rápidamente y se consolidó, contra todos los pronósticos y en el peor momento.

Como es lógico, los asistentes querían saber la fórmula (para eso lo habían invitado) sin embargo, él una y otra vez insistió en decirles que no había recetas para el crecimiento que fueran aplicables en cualquier ciudad o nación; que los líderes tenían que pagar el precio de preguntarle al Señor qué propósitos tenía para un lugar determinado y no dejar de orar hasta que les revelara Su plan.

Escucharlo fue muy esperanzador. Repitió varias veces que no tenía respuestas que garantizaran resultados. Antes de finalizar, hubo una ronda de preguntas y respuestas. Nunca se movió de su premisa inicial. Apuntó todo el tiempo a la búsqueda de la revelación específica y al conocimiento de las necesidades de la gente. Usó distintas frases, hizo algunas bromas, mencionó ejemplos, pero no cedió en su intención original. Decidió mantener su integridad incluso bajo presión. Debe ser muy tentador creer que uno descubrió una fórmula e instaurar una nueva moda.

En Argentina hubo genuinos movimientos del Espíritu que luego se convirtieron en modas eclesiales. Él es creativo por excelencia: “El viento sopla de donde quiere”. Cuando decidimos copiar lo que a otros les da resultado, no andamos en novedad de vida, sino de formas. Nadie está libre de confundirse. Por eso es imprescindible mantenernos integrados a nuestra congregación, facilitar la unidad del Cuerpo y examinar toda enseñanza a la luz de la Escritura.

 

Mónica Lemos