¿Cuál es tu sueño?

Después de esto, Jesús hizo que sus discípulos subieran a la barca, para que cruzaran el lago antes que él y llegaran al otro lado mientras él despedía a la gente. Cuando la hubo despedido, Jesús subió a un cerro, para orar a solas. Al llegar la noche, estaba allí él solo, mientras la barca ya iba bastante lejos de tierra firme. Las olas azotaban la barca, porque tenían el viento en contra. A la madrugada, Jesús fue hacia ellos caminando sobre el agua. Cuando los discípulos lo vieron andar sobre el agua, se asustaron, y gritaron llenos de miedo: —¡Es un fantasma!

Mateo 14: 22-26 DHH

¿Cuál es tu sueño en este tiempo?

Ese que quedó pendiente, el más grande, al que no te animaste antes, cual es el más reciente o el más loco…

En un tiempo de búsqueda y obrar especial del Espíritu Santo, muchos de nosotros estamos siendo desafiados y confrontados por el estudio de “Los hechos del Espíritu Santo”. Su Palabra y su voluntad nos enfrentan al riesgo de cambiar y re enfocarnos en nuestra vida cotidiana y los nuevos desafíos de vivir en la plenitud del Espíritu.

Este pasaje nos ayuda a pensar en los riesgos de cumplir sueños, a veces extravagantes, creyendo en que Jesús está por delante.

Jesús les dijo a sus discípulos que cruzaran al otro lado. Estaban solos en la barca, algo totalmente normal para ellos, pero cuando se desató un gran viento, fue más fuerte que la experiencia y la confianza de años de trabajo, se asustaron. Pero a pesar de eso llegarían a la otra orilla.

Lo normal es creer que nuestros proyectos o desafíos son posibles en tiempos de tranquilidad y seguridad. Pero el mayor desafío posible es soñar cuando atravesamos una tormenta o tiempos turbulentos. Ahí es cuando Jesús aparece… en medio de la tormenta.

Cuando tenemos sueños grandes en Cristo, pero enfrentamos tormentas y dificultades que parecen imposibles de superar, podemos darnos por vencidos por no nos arriesgamos al fracaso.

Los discípulos estaban en medio de un viento peligroso, pero Jesús les había dicho que cruzaran el mar, pero no era imposible que se desatara una tormenta. Esto nos muestra que, a veces, Dios nos pide avanzar en medio del caos y la incertidumbre… solo confiando en su plan.

La tormenta, la noche, el temor, la confusión no nos hacen fácil distinguir a Jesús y menos cuando nos llama a navegar sobre desafíos imposibles. Sus promesas a veces quedan ocultas ante las olas que nos impiden verlo.

Ellos al acercarse Jesús caminando sobre el agua tuvieron tanto miedo, que les impidió reconocerlo, pero el Maestro sabía lo que había planeado y tenía todo bajo control.

Hoy no estás solo/a, Jesús se acerca a vos, camina en la dirección de tu desafío y no es una ilusión, ni solo un deseo. Cristo camina sobre lo imposible para alcanzarte. Te llama a soñar en grande, incluso cuando las circunstancias parecen adversas. La tormenta no significa que estás fuera del control de Dios, sino que Él puede usarla para fortalecer tu fe y prepararte para el cumplimiento de sus sueños.

 

 

Ruth O. Herrera