Lo que sí (parte II)

[…] La Escritura dice: «Dios se opone a los orgullosos, pero trata con bondad a los humildes.» Sométanse, pues, a Dios. Resistan al diablo, y éste huirá de ustedes. Acérquense a Dios, y él se acercará a ustedes.

Santiago 4. 6-8
DHH

Este pasaje tiene, para mí, tres partes. La primera es la referente al orgullo. La segunda, la de resistir al diablo. Y la tercera es la que nos señala la cercanía de Dios.

Siguiendo la línea de ayer, comienzo con la segunda. Cuando queremos dejar de pecar, cuando queremos dejar de vivir mal, cuando queremos dejar de pensar mal acerca de nosotros mismos; la primera reacción que solemos tener es la de la prohibición, la de rechazar y resistir. Y no está mal. De hecho, Santiago nos invita a eso y nos da la esperanza de que “el diablo huirá de nosotros”.

Ahora bien, si nos quedamos solamente con eso, es probable que no suceda del todo. ¿Por qué? Porque nuestras fuerzas no son suficientes. De serlo, en primera instancia no tendríamos que estar luchando contra eso seguramente. Y acá es cuando viene la parte más importante, y ahí tenemos que ir a la primera parte: la del orgullo.

¿Somos lo suficientemente humildes para admitir que necesitamos a Dios? Y no solo eso, ¿somos lo suficientemente mansos para someternos a Él y obedecerle?

Y, retomando lo de ayer, obedecerle no es solamente “resistir el mal”, es predisponer nuestro corazón, nuestra boca, nuestras acciones a hacer esa milla extra, y apuntar a…

[…] Todo lo que es verdadero, noble, correcto, puro, hermoso y admirable. También piensen en lo que tiene alguna virtud, en lo que es digno de reconocimiento. Mantengan su mente ocupada en eso.

Filipenses 4. 8
PDT

Hace unos meses, leyendo un estudio sobre el libro de Santiago, la autora decía que cuando nos sometemos a Dios y nos acercamos a Él (y acá llegué a la tercera parte del pasaje del inicio), el diablo no huye de nosotros, sino que huye de la presencia de Dios en nosotros.

Invitemos todos los días al Espíritu Santo a hacer su obra en nosotros. Mantengámonos cerca, y dejemos que Él sea el Señor de nuestras vidas.

 

Yanett Sokur