(…) Dios estaba tratando de reconciliar al mundo con él, sin tener en cuenta los pecados de nadie. Ese es el mensaje de reconciliación que nos encargó anunciar.
2° Corintios 5:19 PDT
Desde que la humanidad fue creada, los conflictos internos y externos son parte de la vida. Jesús los vivió y padeció. Fue testigo de las peleas entre sus discípulos, los engaños de los fariseos, la puja de poder de los religiosos y la persecución de su mensaje. Pero no declinó ante ninguna de esas circunstancias, y una y otra vez insistió para que quienes lo rodeaban pudieran descubrir una nueva manera de vivir y manejar sus conflictos. Fue sabio en hablar y en callar, en quedarse o irse, en mantener la calma o soltar su enojo, y nunca dejó lo que empezó por la mitad, aunque en ello le fuera la vida.
Su arma poderosa fue ir a la intimidad con el Padre, desahogar sus dudas y conflictos, y recibir los planes para mostrar en cada acto de su vida y de su muerte que no hay persona sobre la tierra que Él no pudiera reconciliar…
Muchos de nuestros enojos y disgustos tienen que ver con nuestros malestares internos. En algunos momentos nos resulta muy difícil evitar sentimientos negativos o nocivos, pero lo que sí podemos evitar es actuar en la misma dirección. No se puede andar por la vida agrediendo a otros o alimentando conflictos.
Jesús nos enseñó que debemos poner la otra mejilla, pero hacerlo no por cobardía sino por convicción Él vino para reconciliar los cielos y la tierra, por eso necesitamos que Cristo nos “reconcilie” de nuestros conflictos, nuestras intenciones y palabras con su voluntad. Al reconciliarnos con Dios somos libres y nos desarrollamos a su imagen
¡Qué bueno ser un hombre o una mujer feliz!, porque por dentro estás libre y estás en paz con Dios y con los demás, en paz con la vida y sobre todo en paz con vos mismo.
El apóstol Pablo nos habla de una reconciliación personal que se extiende a otros. Vos y yo somos agentes reconciliados de reconciliación. Somos perdonados, y nuestro vinculo con Dios está siempre abierto, y ahora somos responsables de que muchos lleguen al Padre.
Pastores Ruth y Hugo Herrera
