Los que pertenecen a la iglesia pueden tener distintas capacidades, pero todas ellas las da el mismo Espíritu. Se puede servir al Señor Jesús de distintas maneras, pero todos sirven al mismo Señor. Se pueden realizar distintas actividades, pero es el mismo Dios quien da a cada uno la habilidad de hacerlas.
1° Corintios 12:4-6 TLA
Como dijimos ayer, recibir en la iglesia es una forma de demostrar el amor de Cristo y de cumplir con la Gran Comisión. Al hacerlo podemos crecer en unidad y diversidad, y servir a Dios de manera más efectiva. ¿Qué harías para recibir como en casa a quienes llegan por primera, segunda o… el tiempo que sea?, ¿cómo hacerlos sentir parte del cuerpo?
Parece demasiado obvio el tema, pero es súper importante ponerlo en práctica. Porque quienes somos parte nos reconocemos casi sin mirarnos. Formamos la misma red, el mismo grupo o área de servicio, conocemos y reconocemos a la familia, sabemos dónde sentarnos en cada culto en nuestros lugares preferidos, casi siempre cerca de las mismas personas. Y al llegar a los cultos y compartir juntos el desayuno, obviamente de manera instintiva, nos sentimos más cerca de quienes son nuestros amigos, nuestra parte del cuerpo más cercana.
Pero tenemos que poner en práctica el tener una mirada clara y que nuestro objetivo sea recibir y dar la bienvenida a quienes no conocemos. Tan sencillo como servirle el café a quien nos visita antes de tomar el propio.
Recibir a los demás como si nosotros también fuéramos visitas y personas que necesitan ser recibidas. Ponernos en ese lugar nos refresca cuánto necesitamos nosotros mismos haber sido recibidos aceptados e incluidos.
Sé amigable y accesible. Sonreí y saludá a quienes llegan. Con respeto preguntar sobre sus intereses y necesidades. Invitarlos a un grupo de red, acompañarlos hasta un lugar cómodo en el auditorio. Animar a los nuevos a participar en las actividades de la iglesia compartiendo nuestra identidad ministerial. Y ya al conocerlos, escuchar las necesidades y preocupaciones, y ofrecer oración y apoyo.
Seamos capaces de brindarnos. Si tenés que ser oreja, sé oreja. Si tenés que ser mano, sé mano. Si alguien necesita que seas pies, hacelo.
Hoy te dejo parte de la letra de esta canción realmente inspiradora, y después de leerla preguntale al Espíritu Santo: ¿reflejo esto realmente?
“Un nuevo sitio disponer para un amigo más, un poquitín que os estrechéis y se podrá sentar. Para eso sirve la amistad si llega la ocasión. Hablémosle con libertad y con el corazón. Él con su amor nos pagará y nos dará calor.
Un nuevo sitio disponer para un amigo más. Un poquitín que os estrechéis y se podrá sentar. Para eso sirve la amistad para estar en reunión. Hablémosle con libertad y con el corazón. Él con su amor nos pagará y alegrará la reunión. La puerta siempre abierta. La luz siempre encendida. El fuego siempre a punto. La mano extendida. Y cuando llegue el huésped no preguntéis quién es… No, no, no. Un nuevo sitio disponer para un amigo más. Un poquitín que os estrechéis y se podrá sentar”.
Ruth O. Herrera
