Dios se le apareció por segunda vez, como se le había aparecido antes en Gabaón, y le dijo: «He escuchado tus oraciones y tus ruegos. Este templo que has edificado será mío, y en él viviré para siempre. Voy a cuidarlo; no lo descuidaré ni un momento».
1° Reyes 9: 2-3 TLA
El Señor le prometió a Salomón que Su visión permanecería, pero sobre todas las cosas afirmó que su cuidado no terminaría.
¡Qué bueno es tomarnos de esta promesa! Como la que Jesús nos hizo al declarar… “Tengan presente que yo estaré con ustedes todos los días hasta el fin del mundo”.
Esta promesa se aplica hoy, y se renueva cada día. Desde el principio es el deseo de Papá, y Jesús lo replicó cada día sobre la tierra: “El deseo infinito de permanecer con sus hijos”.
La visión y la promesa de Dios trascienden los tiempos.
La visión y la promesa de Papá hoy siguen vigentes y renovadas en Su iglesia.
Y nuestra respuesta como hijos, nuestro deseo y búsqueda activan su obra en nosotros.
Bendito el día que descubrimos la verdad de que Cristo murió por nosotros, la creímos y aceptamos. Bendito ese día que decidimos por Jesús. Maravilloso es que cada mañana se renueve Su amor por nosotros.
¿Sabés qué dice el Señor de vos? ¿Cuál es la promesa? El Espíritu Santo de Dios, el regalo de Dios, el don más perfecto, el cual tiene todos los dones es absolutamente real y afianza en vos esta promesa. Sé compañero/a de Dios, caminá hacia la intimidad del Espíritu. Quiere darte sanidad, discernimiento, y todo lo que pidas y tramites con Él.
Es inexplicable, como si cada vez que te levantás, cada mañana escucharas la voz de Dios diciéndote: “Hoy te elijo otra vez”.
Vos y yo somos Su familia. Nunca nos ha fallado, siempre estuvo con nosotros. En las buenas y en las malas.
Te invito a decirle una vez más a nuestro Padre que te rendís, le ofrecés tu vida entera, que llevás tu corazón y mente cautivos al encuentro y reencuentro con Dios para que su voluntad se habilite y experimentes la manifestación continua de su Presencia. Si lo hacemos juntos, tenemos garantizada Su Plenitud en nosotros y entre nosotros.
Hoy, martes, tomá el tiempo necesario para adorar y en gratitud experimentar su plenitud.
Ruth O. Herrera
