¿Lo creés? (parte 2)

A eso se refieren las Escrituras cuando dicen: «Ningún ojo ha visto, ningún oído ha escuchado,
ninguna mente ha imaginando lo que Dios tiene preparado para quienes lo aman».

1° Corintios 2: 9-11 NTV 

Vivimos en un mundo donde todo parece calculado, predecible y programado. La ciencia avanza, la inteligencia artificial sorprende, la medicina alcanza logros impensados… y, aun así, seguimos sin creer plenamente en la promesa, sin siquiera imaginar la magnitud de los planes de Dios. 

Este versículo nos recuerda que lo que Dios está preparando para quienes lo aman está fuera de todo registro humano, fuera del radar de lo que la mente puede concebir. 

Nuestras propias experiencias muchas veces nos condicionan para tener nuevas expectativas y medimos lo que viene en base a lo que ya vivimos.

Si vimos puertas cerradas, pensamos que nunca se abrirán. Si escuchamos malas noticias, creemos que eso marcará nuestro destino. Si sentimos dolor, asumimos que el gozo no volverá.

Pero Dios nos habla de algo nunca visto, nunca oído, nunca imaginado. Es decir, lo que Él prepara no tiene antecedentes humanos. Tu historia no está limitada por tus experiencias. La creatividad del Padre es infinita.

Les digo la verdad: el que cree en mí también va a hacer las obras que yo hago. Y hará obras más grandes porque yo regreso al Padre.

Juan 14: 12 PDT

Lo que nunca viste, lo que nunca escuchaste, lo que nunca imaginaste puede ser lo que, a través tuyo, Dios haga. Las cosas más inesperadas o aquellas que no te atrevés a vivir, a orar o decir. 

La vida cristiana no debería estar limitada por la lógica. Es posible caminar en la fe de lo inédito de Dios.

Nosotros nos movemos en lo visible, en lo que podemos medir y comprobar, pero el Señor vive en una dimensión donde ya diseñó tu mañana, aunque todavía estés aprendiendo a caminar en tu hoy. La declaración, la promesa de Jesús debemos recordarla constantemente. No está solo dentro del alcance humano. En la tierra, el Maestro dio sobradas pruebas de lo que vos y yo podemos ver, hacer y determinar si podemos creer.

No nos conformamos a que, si ningún ojo lo vio, si no sucedió y no está en nuestra memoria… no es real. Pero, en realidad, si no somos capaces de imaginar un tiempo de grandes obras en Dios, quizás estemos limitados por nuestra capacidad de soñar y nos cueste desafiar nuestra fe.

No reduzcas tu expectativa a lo que ya conocés. Dios está escribiendo capítulos inéditos. 

Hoy, según la palabra que el apóstol Pablo le dio a la iglesia de Corinto, podemos decir que, si amamos realmente a Dios y deseamos su presencia mucho más que a sus milagros, lo imposible deja de ser inaccesible y se convierte en nuestra herencia.

 

Ruth O. Herrera