El discípulo que se mantiene unido a mí, y con quien yo me mantengo unido, es como una rama que da mucho fruto; pero si uno de ustedes se separa de mí, no podrá hacer nada.
Juan 15: 5 TLA
(Énfasis del autor)
Proponerte ser feliz y planificar tus días es una gran decisión, pero no te olvides de que separado de Dios, Su propósito se ve alterado.
Por eso es imprescindible vivir cerca de su Presencia para producir sus frutos. Frutos de amor, paciencia, tolerancia, acompañamiento… Estar cerca para desarrollar la identidad de discípulo, seguidor de Jesús. Y al hacerlo, no distraernos hará que ese fruto permanezca.
Jesús nos dio la clave para lograrlo: “separados de mí, no lo pueden sostener”. La consigna es la siguiente: “separado del Señor, nada”
Jesús no habla aquí de una relación superficial, sino de una conexión de vida. Como la rama no puede sobrevivir ni un instante separada de la vid, el discípulo no puede sostener su vida espiritual por sí mismo.
Permanecer en Cristo no es religión, es la esencia de nuestra existencia espiritual.
Es verdad que en la vida cotidiana no siempre estamos pendientes de dar frutos espirituales. Somos personas comunes, con vidas y rutinas normales. Cada mañana, aun dedicando tiempo devocional y teniendo comunión personal con Papá, nuestro día transcurre inmersos en el trabajo, el estudio, el cumplir horarios, y esos frutos particulares no siempre están a la vista.
Lo importante es que seamos conscientes de que esos frutos no son consecuencia del esfuerzo humano. El fruto es natural cuando la rama está unida a la vid: amor, paciencia, bondad, obediencia, servicio.
Jesús nos promete que el que permanece en Él, dará mucho fruto. El esfuerzo humano sin la savia de Cristo, sin el Espíritu fluyendo lleva a frustración, pero la gracia produce resultados que glorifican a Dios.
Hoy te invito a pensar: ¿Estoy dependiendo de mi capacidad o reconozco que mi vida solo tiene sentido si está unida a Jesús?
Hay una verdad absoluta y es que Dios te buscó, te salvó, te llamó y está trabajando para que el dominio de tu vida le pertenezca solo a Él.
Estás sellado/a por Dios para siempre y nadie puede modificar esa realidad.
Ruth O. Herrera
