«Jesús contestó: ‘Ama al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu mente. Este es el primer mandamiento y el más importante. Hay un segundo mandamiento que es igualmente importante: ‘Ama a tu prójimo como a ti mismo. Toda la ley y las exigencias de los profetas se basan en estos dos mandamientos»
Mateo 22:37-40
La Biblia tiene más de setecientas cincuenta mil palabras, y Jesús nos hizo el favor de resumirlas todas en una sola que tiene cuatro letras: amor. El pasaje de hoy es nada menos que la respuesta del mismo Jesús a la pregunta acerca de cuál es el mandamiento más importante. Algo así como, qué es lo que a Dios más le importa o lo primero que Él espera de nosotros.
Es verdad que tenemos un mandamiento prioritario como la Gran Comisión y también es cierto que lo queremos obedecer. Nos hemos fijado una meta delante de Dios que al cumplirla nos traerá una gran satisfacción. En realidad, deseamos alcanzar a todos los que podamos, a cada corazón. Pero siempre debemos recordar
que no perseguimos objetivos numéricos, en este caso no formamos parte de un equipo de ventas que será evaluado por lograr una marca. Además de la obediencia nos mueve algo poderoso, que se llama amor.
Lo primero lleva a lo segundo
De la misma manera que sucede con la fe si no se traduce en obras es inútil y no existe (Santiago 2:17), cuando el primer mandamiento no desemboca en el segundo, podemos estar seguros de que algo no está bien. El pasaje de hoy nos lleva a pensar que no hay tal cosa como amar mucho a Dios y no amar tanto a los demás. En la lógica divina, cuanto más nos acercamos a Él, menos nos alejamos de la gente. Por eso no tiene nada de espiritual aislarse de las personas para no contaminarse con su pecado. No es lo que hizo Jesús y jamás nos pidió algo así.
Con eso en mente, y sobre todo en el corazón, debemos buscar aproximarnos a la realidad de aquellos por los cuales oramos, dispuestos a empezar por el principio, porque la gente no quiere ser evangelizada, quiere ser amada. No esperan sermones ni amenazas espirituales. Si el primer y segundo mandamiento son una realidad en nosotros, saldrá por nuestros poros y abrirá el camino para sembrar el Mensaje que los cambiará para siempre.
Amar como Jesús
¿Cuál será la imagen que nuestros conocidos tienen acerca de los cristianos? Tenemos la gran oportunidad de mostrar la actitud de un verdadero hijo de Dios, amando como lo hizo Jesús. Si hubo alguien que no esquivaba a la gente era precisamente Él, por el contrario, siempre fue evidente su permanente intención de buscar a las personas. Si queremos amar al estilo de Jesús, además de nuestra
decisión intencional, tendremos que permitirle al Espíritu Santo que se manifieste en nuestra manera de andar. Y no nos referimos a muestras portentosas de poderes milagrosos, sino a la maravilla sobrenatural de mirar con ternura, sonreír con sinceridad y tratar con respeto, generando conversaciones amigables sin intenciones egoístas.
Lo interior se refleja en el exterior
Según Gálatas 5:22, ese amor es la primera muestra de lo que Dios hace internamente en una persona. El fruto no es más que eso: el resultado externo de lo que vive espiritualmente. Cuando alguien experimenta salud y plenitud espiritual, la prueba de ello no se encuentra en su asistencia a la iglesia, ni en ninguna otra
práctica religiosa; las evidencias no tienen que ver con conocimiento ni con trayectoria. Se transparenta en virtudes cotidianas, pero divinas, y por eso son poderosas: amor, alegría, paz, paciencia, gentileza, bondad, etc.
No dejaremos de doblar nuestras rodillas para orar, pero también nos pondremos en movimiento para salir a amar a esas personas que figuran en nuestra lista. Ese amor nos llevará a mostrar un interés tan genuino, que no se sentirán acorralados ni presionados por alguien que viene con objetivos proselitistas de convertirlos a su religión. Estarán cómodos y a gusto al comprender que están con alguien que de verdad los ama.
Acción
Vamos a leer Gálatas 5:22-23 y actuaremos en consecuencia. «En cambio, la clase de fruto que el Espíritu Santo produce en nuestra vida es: amor, alegría, paz, paciencia, gentileza, bondad, fidelidad, humildad y control propio. ¡No existen leyes contra esas cosas!».
Oración:
Pedimos ser realmente llenos del Espíritu Santo para que en nuestra vida se vean más resultados que conceptos. Oramos para que nuestro amor y nuestra búsqueda de Dios se traduzca en amor e interés por quienes nos rodean
Argentina Oramos por Vos
40 días de ayuno, oración y acción 2025
