Oportunidades

«Vivan sabiamente entre los que no creen en Cristo y aprovechen al máximo cada oportunidad. Que sus conversaciones sean cordiales y agradables, a fin de que ustedes tengan la respuesta adecuada para cada persona»

Colosenses 4:5-6

Vivimos envueltos en un sistema que, entre sus normas no escritas, siempre nos alienta a sacar el mayor rédito posible de cada situación y de cada persona; y si, además, puede ser con el menor esfuerzo posible mejor. Uno de los principales argumentos o excusas para sostener esto pasa por suponer que, si nosotros no nos aprovechamos de los demás, serán ellos quienes nos pasarán por arriba pisando nuestros intereses.

El pasaje bíblico de hoy nos anima a ir a contramano de una sociedad que ya ha naturalizado el andar por la vida con la guardia alta mirando a todos lados para que no nos saquen ventaja. La invitación del apóstol Pablo nos aleja del estrés de ver quién se aprovecha mejor del otro, y nos ayuda a ver que lo que en realidad tenemos que aprovechar son las oportunidades.

Cada encuentro con alguien que no cree en Jesús se transforma en una valiosa oportunidad que, según estos versículos, tenemos que administrar con sabiduría. Y el criterio aconsejado pasa por tener en cuenta dos elementos:

  1. Conversaciones para disfrutar

Es interesante leer esta frase en las diferentes traducciones de la Biblia al español para enriquecer la idea. Allí encontraremos que nuestras conversaciones deben ser cordiales, amenas, agradables, de buen gusto, con gracia y hasta sazonadas con sal.

Un ceño fruncido, un tono condenatorio, expresiones prefabricadas y carentes de naturalidad, palabras que suenan raras por no ser de uso cotidiano y otras características similares, lamentablemente retratan a muchos cristianos cuando se ponen a hablar con un amigo no cristiano acerca de Dios. A nosotros se nos pide lo mismo que a los colosenses. Seamos arquitectos de charlas que acerquen, que logren bajar barreras, que despierten sonrisas y que den una sensación tan positiva que dejen con ganas de una próxima vez. ¿Acaso existe una razón espiritual para ser antipáticos? Hace unos días vimos que la verdad llega mejor cuando viene precedida por la gracia. Que nuestros amigos disfruten al conversar con nosotros. 

  1. La respuesta justa para cada uno

La sabiduría con la que Pablo sugiere que nos manejemos es imprescindible para discernir los momentos que viven las personas con las que nos toca interactuar. Para no tomar las cosas en forma personal es necesario entender que a veces la gente pasa por circunstancias de enojo, de dolor, de frustración o decepción, y que no necesariamente quieren ponerse en contra nuestro o de nuestra fe. 

Elegir inteligentemente las palabras y las respuestas nos recuerda a Santiago diciendo que no nos apuremos para hablar, ya que no existe una sola manera de responder. Habrá momentos para aconsejar o corregir, pero también muchos otros simplemente para callar, respetar y esperar. Habrá espacios para la risa y el buen humor y otros para empatizar con la angustia ajena. El Espíritu Santo tiene la capacidad de darnos la sensibilidad necesaria para sintonizar cuál es esa «respuesta adecuada para cada persona». 

Sabor residual 

¿Cuál será el sabor que queda en el paladar de quienes acaban de tener una conversación con nosotros? No buscamos aceptación ni admiración, queremos que las personas se queden con más paz, con más esperanza y que se sientan más alentados que antes de cruzarse con nosotros. Si vamos a ser un factor de bendición para las personas, definitivamente tienen que irse con una sensación mejor que con la que llegaron. 

Aprovechemos sabiamente cada oportunidad que se nos presenta, haciendo que quien está sentado del otro lado de la mesa siempre termine un poco más cerca de Dios y de sus planes. Que nuestra actitud paciente, el tono natural de nuestra voz y la transparencia en nuestra mirada, sean la materia prima que el Espíritu Santo utilice para trabajar posteriormente provocando sed espiritual en ese corazón que queremos alcanzar.

Acción:

Hoy vamos a manejar nuestros diálogos con sabiduría, con respuestas adecuadas y dejando sensaciones agradables con las personas con las que nos toque interactuar.

Oración:

Pedimos específicamente por sensibilidad espiritual para saber qué decir en cada caso y con cada individuo.

Oramos para ser personas que siempre dejen una huella positiva luego de su paso por un lugar.

Pedimos por la capacidad de descubrir y detectar las oportunidades que se nos presentan para compartir nuestra fe.

 

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