«No dejaban de reunirse unánimes en el Templo ni un solo día. De casa en casa partían el pan y compartían la comida con alegría y generosidad. Alabando a Dios y disfrutando de la estimación general del pueblo. Y cada día el Señor añadía al grupo los que iban siendo salvos»
Hechos 2:46-47, NVI
En estos últimos días de nuestra campaña seguimos presentándonos delante de Dios para encomendar las diferentes esferas en las que participamos, y hoy vamos ocuparnos de nuestra iglesia local. Siempre ha habido y seguirá habiendo múltiples miradas acerca del tema, pero lo primero para destacar y recordar es que la Iglesia es un invento genial de Dios y no una ocurrencia humana. Luego de que Jesús ascendiera y viniera el Espíritu Santo, comenzó la era de la Iglesia y el resto del Nuevo Testamento gira alrededor de ella.
Dios sabía que necesitábamos una congregación donde reunirnos con otros creyentes porque de lo contrario nos perderíamos eslabones fundamentales en la cadena que Él planeó para nuestro desarrollo espiritual y para el avance de sus planes en la tierra. Si no tuviéramos un lugar donde compartir con otros hermanos en la fe, careceríamos de muchas dinámicas que se viven en comunidad.
El pasaje bíblico de hoy nos muestra una imagen emblemática de la iglesia primitiva, en el que aparecen algunos aspectos saludables que, en el marco de lo que transitamos en estas semanas, pueden servirnos de guía para orar concretamente por nuestras congregaciones.
Alegría y generosidad
Tenían una comunión muy estrecha y genuina entre ellos. Pasaban mucho tiempo en el templo y comiendo juntos en las casas. Ese clima que vivían estaba marcado por la alegría y la generosidad, dos cosas que llamaban la atención tanto en la sociedad de aquel entonces como en la actual.
La gente tiene que percibir que en nuestras iglesias hay un gozo especial por todo lo que Dios hizo y hace en nosotros, y tiene que notar la generosidad en todos los sentidos. Tenemos que orar para ser comunidades de fe donde las personas vienen tranquilas porque saben que serán cálidamente recibidas y sus necesidades serán tenidas en cuenta.
Buen concepto en la calle
No es un dato menor el hecho de que la sociedad los estimaba. Otras versiones hablan de que tenían el favor y la gracia del pueblo, que la gente los miraba con simpatía. Evidentemente, no se limitaban a practicar su fe dentro de cuatro paredes porque en ese caso nadie los conocería y la imagen que tendrían de ellos no hubiera sido positiva. Pero estaban llenos del Espíritu y seguramente eso se traducía en su trato y relación con los demás.
Crecían todos los días
El grupo se hacía cada día más grande porque se sumaban los que creían y eran salvos. Por algo gozaban de un excelente concepto en la calle, por su amabilidad, su solidaridad y su amor por la gente. Lo que nosotros trabajamos durante estas semanas para ellos era natural y cotidiano. Escuchar, invitar a comer y servir eran prácticas comunes para que día a día la iglesia creciera.
¿Cómo vemos a nuestra iglesia en estos aspectos? La posible respuesta no tiene que llevarnos a criticar, a juzgar o a quejarnos; tiene que movilizarnos para que desde nuestro lugar podamos orar y actuar ayudando a que todo lo que Dios quiere hacer pueda fluir con mayor facilidad.
Si nuestra iglesia sigue este plan, no hay dudas de que muchos habrán sido tocados para alcanzar otros corazones. Este despertar por nuestros amigos y compañeros no debe finalizar en el día cuarenta. Cada creyente tiene que sentirse en su lugar de misión de manera constante en cada minuto y en cada instancia de su vida.
Una iglesia local seguramente puede vivir una realidad muy diferente a otras. No usemos las diferencias para compararnos sino en todo caso para inspirarnos a ser mejores. Seamos siempre de los que suman y están para aportar. Mantengámonos agradecidos por la congregación donde Dios nos ha puesto y sirvamos allí con un corazón sincero. Que el Señor pueda usarnos como un factor clave para que nuestra iglesia entienda la responsabilidad que se nos ha dado y no miremos solo para adentro.
Acción:
Si tenemos la posibilidad, vamos a preguntarle a nuestro pastor los motivos principales por los que podríamos orar hoy por nuestra iglesia.
Oración:
Hoy oramos para que nuestra congregación sea una iglesia activamente comprometida con ganar personas para Cristo.
Pedimos por ser una comunidad con alegría y generosidad, con buen concepto en la sociedad y con crecimiento constante.
Oramos por los pastores y líderes de nuestra iglesia.
Oramos por los temas que nos haya transmitido nuestro pastor o líder.
Argentina Oramos por Vos
