Cuando María oyó esto, se levantó rápidamente y fue a su encuentro. Jesús aún no había entrado en el pueblo, sino que todavía estaba en el lugar donde Marta se había encontrado con él. Los judíos que habían estado con María en la casa, dándole el pésame, al ver que se había levantado y había salido de prisa, la siguieron, pensando que iba al sepulcro a llorar.
Cuando María llegó a donde estaba Jesús y lo vio, se arrojó a sus pies y le dijo: —Señor, si hubieras estado aquí, mi hermano no habría muerto. Al ver llorar a María y a los judíos que la habían acompañado, Jesús se turbó y se conmovió profundamente.
Juan 11:29-33 NVI
(Énfasis del autor)
De esta escena, María parece ser, según el relato, la persona que más toco el corazón de Jesús.
Marta ya había visto al amigo de la familia, pero María, que estaba en medio de la gente en pleno duelo, al saber quién llegaba, lo primero que hizo fue adorar y reconocer a Cristo como el Señor de la vida.
Se acostumbraba, especialmente entre las mujeres, ir a llorar al sepulcro en todo momento durante la semana posterior al entierro.
Cómo si se hiciera un culto al dolor y la desesperanza, por eso se contrataban mujeres especialmente para que el llanto y el dolor no decaigan. No se trataba de un llanto discreto y controlado. Eran gritos y un llanto sin inhibiciones, casi histérico, porque se consideraba que cuanto más exagerado era el llanto, mayor era el honor que se le rendía al muerto.
Cuando las visitas vieron que María se levantaba de prisa y salía, de inmediato supusieron que había ido a visitar el sepulcro de Lázaro… para seguir llorando. Pero ella iba al encuentro de la esperanza, a encontrarse con el motivo de su fe.
El saludo de María fue idéntico al de Marta. “Jesús si hubieses llegado a tiempo, no hubiera sucedido la desgracia y Lázaro aún viviría”, pero aún así su encuentro fue diferente.
Jesús vio a María y a todo el grupo llorando. Ver el dolor de María, despertó en Jesús una emoción profunda e intensa, y arrancó de su corazón una profunda pena que se tradujo en un gran milagro.
Esta mujer sabía que en algún momento, aun después de la muerte de Lázaro, su amigo llegaría a cambiar la historia.
La adoración de María hizo una diferencia en el corazón de Jesús, ella lo amaba, le creía aún sin ver, aceptaba su señorío aún antes de recibir el milagro…
¡Sí… Ella creyó y adoró antes de recibir su milagro! ¿Y vos?
Ruth O.Herrera
