¿Hay algún estímulo en pertenecer a Cristo? ¿Existe algún consuelo en su amor? ¿Tenemos en conjunto alguna comunión en el Espíritu? ¿Tienen ustedes un corazón tierno y compasivo? Entonces, háganme verdaderamente feliz poniéndose de acuerdo de todo corazón entre ustedes, amándose unos a otros y trabajando juntos con un mismo pensamiento y un mismo propósito.
Filipenses 2: 1-2 NTV
(Énfasis del autor)
Por tanto, si hay algún consuelo en Cristo, si algún estímulo de amor, si alguna comunión del Espíritu, si algún afecto entrañable, si alguna misericordia, completad mi gozo, sintiendo lo mismo, teniendo el mismo amor, unánimes, sintiendo una misma cosa.
Filipenses 2: 1-2 RV
Al leer la carta a los Filipenses descubrimos al apóstol Pablo escribiendo acerca de la unidad. Con vehemencia animó a los filipenses a seguir firmes en “un espíritu”, luchando con un propósito. Así desarrolla un tema especial: “la unidad de la iglesia”. Empieza con palabras poderosas en el verso uno del capítulo dos intimando a los filipenses a reconocer la clase de relación que tenían entre ellos.
Pablo les pregunta a los filipenses si estaban experimentando la compasión y ternura de Dios conectando los sentimientos humanos a la presencia de Dios en sus vidas.
Así que Pablo está diciendo que los filipenses, por están unidos en y a Cristo, deben alcanzar y producir ternura y compasión, compartir, no sólo un espíritu sino un propósito también.
El pedido de Pablo es intenso y profundo, absolutamente personal, pero basado en la experiencia de amor de aquella iglesia. Como el padre que ve a sus hijos vivir unidos y luchando juntos, defendiéndose unos a otros. Por eso ellos podían entender este pedido: “Háganme verdaderamente feliz poniéndose de acuerdo de todo corazón entre ustedes”.
Pablo les pide como “un favor personal”, el “esfuerzo de la unidad con la ayuda del Espíritu. Para él era imprescindible porque sabía que estaban sufriendo persecución, eran amenazados por sus vecinos y el gobierno. La iglesia y el apóstol necesitaban el respaldo bilateral. Sabían que Pablo estaba sufriendo y cuánto simpatizaba con ellos. Maravillosamente, si la iglesia experimentaba la presencia de Cristo en sus vidas, Pablo recibía ánimo.
Sabemos que la ternura es bondad, gentileza, afecto, simpatía y misericordia. Cuando vivimos en el Espíritu de Dios, vivimos desarrollando estas características.
Ser compasivos y mostrar ternura, que significa vivir la urgencia de involucrarse en la vida de las personas y en sus realidades, es un desafío diario.
Al comenzar el año, en los días en que planeamos, buscamos guía, pensamos en cómo proyectarnos… Es tiempo de pensar en la unidad, a veces costosa, que Dios nos pide en su Palabra. Nosotros, nuestras familias, la iglesia, la sociedad toda, necesita experimentar menos hostilidad y más compasión, y vos y yo podemos desatarla y propagarla.
Cuando vivimos en el Espíritu, vivimos con compasión y así somos fuente de bienestar para otros.
Ruth O. Herrera
