Saquen el mayor provecho de cada oportunidad en estos días malos. No actúen sin pensar, más bien procuren entender lo que el Señor quiere que hagan.
Efesios 5:16-17 NTV
El versículo comienza con una exhortación: «saquen el mayor provecho de cada oportunidad en estos días malos». La palabra «oportunidad» en el contexto bíblico y en la vida cotidiana se refiere a momentos específicos en los que podemos actuar para cumplir con el propósito de Dios en nuestra vida. Nada de lo que vivimos debería estar por fuera del plan de Papá, ser personas oportunas, atentas, y disciplinadas en el uso del tiempo… aunque muchas veces esto es bastante improbable.
Tener una rutina, hábitos y costumbres diarias no siempre es sinónimo de ocupar nuestro tiempo sabiamente.
El ideal es “discernir lo que Dios quiere que hagamos en cada situación y actuar con sabiduría”. No se trata solo de ser activos, sino de ser activos en la dirección correcta. La sabiduría no es simplemente conocimiento, sino la habilidad de aplicar el conocimiento en la vida diaria. Nos permite distinguir entre lo que es pasajero y lo que tiene valor eterno, entre lo que nos lleva hacia la vida y lo que nos aparta de ella.
El concepto que menciona el texto de arriba “aprovecha el día, aprovecha el momento” se popularizó mediante la expresión latina “carpe diem” en la película “La sociedad de los poetas muertos”. Ambientada en un colegio tradicional, un nuevo profesor incita a sus alumnos a no perder lo único que no podrán recuperar “el tiempo”, los provoca a hacer de cada momento algo que valga la pena.
A menudo, en momentos de crisis, presión, si estamos impacientes o apurados, podemos caer en decisiones impulsivas o motivadas por emociones pasajeras. La Biblia nos llama a algo diferente: actuar con discernimiento, entendiendo el propósito de Dios en cada situación. Podemos estar tentados a reaccionar rápidamente ante las noticias, problemas familiares, laborales o sociales. Pero la verdadera sabiduría nos invita a detenernos, orar y buscar la dirección del Espíritu Santo, para que nuestras acciones reflejen la voluntad de Dios y no nuestras emociones, intereses, miedos momentáneos.
En tiempo donde todo es ¡ya!, la vida moderna nos quita tiempo al tiempo.
Es común, más en quienes somos impacientes, no detenernos y ser cuidadosos, podemos perder por actuar sin pensar o por dejarnos llevar por impulsos y distracciones.
Todos estamos humanamente en las mismas condiciones frente al paso del tiempo. Nos es dado a todos igual, pero la diferencia está en lo que cada uno hace con el uso y aprovechamiento.
Planear, reservar un tiempo específico para algo, nos direcciona hacia un propósito. Es por esto que la Biblia nos exhorta a ser sabios con nuestro tiempo.
Muchas veces en momentos de decisiones urgentes viene a mi memoria la frase atribuida a Napoleón Bonaparte: “Vísteme despacio que estoy apurado”, un alto necesario para resoluciones inminentes. Valorar los tiempos de descanso y pausa tanto como los de actividad y trabajo, darnos tiempo para compañía y la soledad, los encuentros íntimos con Papá, diferenciándolos del tiempo de ministerio, nos ayuda a valorar cada día como único e irrepetible, siendo conscientes de la administración de este tan valioso bien: el tiempo.
Ruth O. Herrera
