Mi alfarero

Entonces bajé a la casa del alfarero, y lo encontré trabajando en el torno. Pero la vasija que estaba modelando se le deshizo en las manos; así que volvió a hacer otra vasija, hasta que le pareció que le había quedado bien.

«Pueblo de Israel, ¿acaso no puedo hacer con ustedes lo mismo que hace este alfarero con el barro?», afirma el Señor. «Ustedes, pueblo de Israel, son en mis manos como el barro en las manos del alfarero.

Jeremías 18:3-4, 6 NVI
(Énfasis del autor)

¡Qué buena noticia es que Dios no es un Dios distante que nos deja solos en nuestro proceso de crecimiento y formación! Por el contrario, Él está activamente involucrado en nuestras vidas, trabajando con nosotros para moldearnos y capacitarnos para ser cada vez mejores. Al igual que el alfarero el Señor trabaja con nosotros.

¡Qué maravillosa manera de mostrar su amor!

Estamos en sus manos, tiene puestos sus ojos sobre nuestras vidas. Le interesa cada movimiento, trabaja en cada aspereza.

Se ocupa de darnos buena forma. Piensa cuál será nuestra labor y nos capacita para que podamos ejercerla. Podemos rompernos en sus manos, al transitar este camino, pero Él nos vuelve a formar con su diseño.

El trabajo de Dios es constante, fiel, amoroso. Por momentos difícil… pero NUNCA LO ABANDONA.

Él nos conoce íntimamente, mejor que nosotros mismos, y sabe exactamente lo que necesitamos para crecer y madurar.

Nos guía, nos dirige y acompaña en nuestro camino, mostrándonos su plan. Él nos capacita y da sabiduría para tomar decisiones.

“Así que volvió a hacer otra vasija, hasta que le pareció que le había quedado bien.”

Nos hace nuevos, restaura nuestra identidad de “hijos, hijas de Dios”

Desafiate a ser barro moldeable en sus manos e incluso volver a empezar cuando sea necesario. Tu creador, tú Señor, tú fiel Alfarero en cada abrazo te moldea

Aunque parezca una frase trillada… “Confiá en Él”. Está trabajando en tú vida para mostrarte Su bien y Su gloria.

Someté tus decisiones a su voluntad, tus planes y decisiones. Pedí su guía y dirección. Cooperá con Él, dale permiso para moldear tu carácter, tus debilidades, lo que nadie sabe y está oculto en vos.

Hoy podés recordar cómo cada vez que lo dejaste moldear, tu vida fue mejor.  dirección.

 

Ruth O. Herrera